Comentábamos hace unos días que, no satisfecho con atizar la ira ciudadana contra quien lo elevó a los altares, llevándolo como vicepresidente en su plancha electoral y permitiéndole consecuentemente reemplazarlo en caso de vacancia –como ocurrió-, Vizcarra se dedicó a soliviantar aún más al pueblo. Lo hizo con su antidemocrática y felona campaña contra el poder Legislativo, para finalmente conquistar el objetivo de los progre marxistas que Kuczynski metió al Estado pensando usarlos como salvavidas –y el tiro le salió por la culata-, que no fue otro que gobernar sin Parlamento. Es decir, sin control político, sin fiscalización democrática de índole alguna. Al más puro estilo del autócrata que esconden sus genes. La campaña “Congreso obstruccionista” fue la diana golpista para introducir un régimen absolutista, de fácil evolución al totalitarismo. Más aún Vizcarra engendró el actual Legislativo conformado en mayoría absoluta por personas improvisadas, sin el mayor apego democrático, neófitas en la hermenéutica parlamentaria y sobre todo agradecidas a Vizcarra quien les abrió la puerta del poder. De modo que el actual Congreso no está capacitado para ejercer, como corresponde, los contrapesos del ejercicio democrático, razón por la cual Vizcarra sigue mandando al más puro estilo déspota. ¡Sin embargo, el presidente accidental no está satisfecho! Quiere un Legislativo oficialista, sin contar siquiera con presencia partidaria ni bancada propia. Tal es su malestar, que el Congreso no puede convocar a los ministros a cargo de supuestamente combatir la pandemia, para que expliquen la desastrosa estrategia empleada por Vizcarra y su gabinete que nos ha colocado en el sexto lugar en todo el planeta en número de contagios y ha generado –hasta hoy- cerca de 10,000 muertes, fuera de ocupar probablemente el primer puesto mundial de fallecidos por habitantes. Llevamos cuatro meses en cuarentena y aún falta oxígeno en los hospitales estatales, pese a que hace un mes la prensa no controlada por palacio denunció este atentado contra la vida, responsabilidad absoluta del ministro trotskista Zamora y de su jefe, el mandatario Vizcarra. ¿Bajo qué argumento pretende Vizcarra negarle al Congreso que investigue la letal conducta del Ejecutivo en la conducción de una presunta estrategia para controlar el Covid-19?, no sólo con consecuencias sanitarias tan calamitosas sino que como resultado de aquello Vizcarra dispuso la paralización del país durante cuatro meses, quebrando las economías tanto privada como pública y sembrando muy serias secuelas para nuestra ya bastante golpeada sociedad para los siguientes años.
Comprobamos pues con indignación esta nueva arremetida del mandamás Vizcarra –y su también rojo primer ministro Zeballos- contra el poder Legislativo, denunciando que interpelar a ministros en pleno estado de emergencia (culpa suya, fundamentalmente) “nos parece un exceso” quejándose de que los ministros “deban dedicar muchas horas en acudir a las citaciones del Parlamento”. Oiga usted, el Presidente y los ministros no han dejado de recibir su remuneración –pagada por los contribuyentes- un solo día, y su obligación es trabajar 24 horas diarias para servir al pueblo, quien paga su sueldo. Recuerde que la carne viene con hueso, ingeniero Vizcarra.