Desde el año 2015 venía siendo investigado el miserable Vizcarra por fiscales de Moquegua. Su paso por la gobernación le abriría las puertas a la corrupción. Sin embargo, también él tuvo la oportunidad para hacerse de “amigos”. No sólo en esa institución, sino en otras dependencias del Estado. Incluyendo la Fiscalía regional. Gracias a esto, sucesivas investigaciones -como la derivada de una denuncia presentada en 2015 ante la fiscalía moqueguana por Jesús Málaga, entonces gerente general del Gobierno Regional de Moquegua, imputando haberle ocasionado grave perjuicio al disponer un millonario adelanto de obra al consorcio ICCGSA-Incot; al igual que la acusación contra Vizcarra presentada a la fiscalía local por el representante del frente de defensa de Moquegua, Jesús Paredes Zegarra, todas acabaron siendo archivadas por algunos fiscales. Incluso tuvieron el mismo destino las denuncias de la Contraloría. Todas estas concluían que Vizcarra benefició al citado contratista, adelantándole, sin sustento, S/ 40’897,217.48 “a cuenta de obras”. Vizcarra se sentía todopoderoso. Después llegaría su coyuntura de oro, participando como vicepresidente de Kuczynski. Lo demás es historia.

La fortuna acompañaría al lagarto, permitiéndole manipular, engañar, traicionar y robarle a todo el Perú a su paso por la presidencia, convertido en semidiós por una prensa corrompida que, delictivamente, silenciaba todo ángulo criminal de este rufián, dedicándose a elogiarlo al extremo de la náusea aplaudiendo a ciegas su paso pervertido por la jefatura del Estado. Esa prensa no sólo mitificó a Vizcarra como el mejor gobernante de toda nuestra historia, sino que celebraría, pomposamente, el golpe de Estado que perpetró clausurando el Congreso. Y más adelante, soliviantaría a la población a salir a las calles con devastadora violencia, para protestar porque el Parlamento vacó a Vizcarra por “permanente incapacidad moral”. Tanto El Comercio como La República, RPP, los canales 2,4,7,8,9 fueron plenamente conscientes de las trapacerías de Vizcarra como gobernador moqueguano. Pero estimado lector, gallina que come huevo, aunque le quemen el pico. Mantener a un imputado por corrupción como presidente de la República era una grave ofensa a loa peruanos.

No obstante, esos medios de comunicación cómplices de la corrupción de Vizcarra antepusieron sus afanes crematísticos al interés de los peruanos, vendiéndose al lagarto a cambio de la droga del avisaje estatal. Primero, iniciaron una feroz campaña de desprestigio contra el Legislativo, acusándole de “obstruccionista”. Así dieron pie al golpe que luego Vizcarra perpetraría para consolidarse más años en palacio. Pero no le favoreció la apuesta que hizo para que el pueblo elija otro Congreso proclive a él. Consecuentemente, los medios serviles arremetieron contra el nuevo Legislativo, enrostrándole el mote de golpista tras remover al Vizcarra por “permanente incapacidad moral”, conducta corroborada por diversas acusaciones fiscales que perseguían a Vizcarra.