El golpista jamás cambia. Es adicto como cualquier otro vicioso. Una vez que rompe la Constitución seguirá quebrantándola cada vez que necesite, para consolidar su mando único o para evitar la cárcel. Que es donde acaban los autócratas en las democracias. El caso de Vizcarra es uno más en la historia del golpismo. Acá y en el mundo entero. Se rodeó de mediocres expertos en intrigas, mentiras, inescrupulosidades con quienes organizó una mafia autocrática trajeada de democrática para clausurar el Congreso y elegir otro disminuido. Además del Ejecutivo, ahora controla el Tribunal Constitucional, prohibiendo que el Legislativo designe a nuevos tribunos para reemplazar a seis de los siete que hasta el momento continúan aferrados al TC, y que votan a favor del golpista sin la menor vergüenza. Como sucedió cuando declararon constitucional el golpe de Estado de Vizcarra para cerrar el Congreso, estando vencido -hace dos años- el plazo para el cual fueran designados. También controla el Ministerio Público tras pactar con fiscales junior como Vela Barba y Pérez Gómez, dos atrabiliarios que sostenida y públicamente desacatan las órdenes de sus superiores, basados en el incondicional apoyo que reciben del jefe de Estado. Asimismo maneja el ex Consejo Nacional de la Magistratura, ahora Junta Nacional de Justicia, larvada a partir de un sicosocial de dimensiones siderales al que la prensa corrompida por el golpista Vizcarra -a través de multimillonarios subsidios librados como “pago de publicidad estatal”- denominó “Los Cuellos Blancos del Puerto”, obligando a que los jueces y fiscales, lo mismo que los miembros del Jurado Nacional de Elecciones, se sometan a las órdenes del golpista Vizcarra. Finalmente controla al MEF, vale decir maneja el Tesoro Público, a través de una ministra junior que actúa de chicheñó del golpista Vizcarra. La receta es idéntica. Salvo manejar el MEF, Fujimori hizo lo mismo. Y hoy permanece encarcelado.

El prontuario delincuencial que el país ha conocido de Vizcarra -tras hacerse públicos audios donde se le escucha al golpista trapichear con su “círculo íntimo” para eliminar las huellas de su estrambótica relación con un tal “swing”- exhibe su entraña viciosa y falsaria. Sumémosle hoy el rosario de crímenes conocidos con posterioridad a que se difundieran dichos audios, dando cuenta de múltiples sobornos recibidos por Vizcarra a su paso por la gobernación moqueguana. Estas gravísimas imputaciones las viene investigando la Fiscalía corroboradas por colaboradores eficaces quienes atestiguaron tales hechos de corrupción. Con semejantes antecedentes, amable lector, Vizcarra no puede ni debe permanecer al mando del Estado. Pondría en riesgo las elecciones, quebraría la moral pública y seríamos una vergüenza colosal ante la aldea mundial. El Congreso esta vez no debería exhibirse tan penosamente como hizo semanas atrás. Ahora necesita comportarse a la altura de las circunstancias formalizando este sábado el proceso que desemboque en la destitución de Vizcarra. No hacerlo sería contravenir ineludibles deberes constitucionales y aniquilar la dignidad del Perú.

Apostilla. El impresentable premier Martos funge de matón golpista, amedrantando al Parlamento con sacar a los militares si rompen la Constitución aprobando la vacancia. ¡Qué pobre hombre!