Decía Mahatma Gandhi que los cobardes nunca pueden ser morales. Vizcarra es la demostración palpable de tal dicho. Carece de coraje, principios y carácter para aceptar la pandemia. Huyó de la covid-19 con la inmunización a espaldas de todos, usando su cargo para obtener privilegios, violando la ley y haciendo que otros, quienes le pincharon, también la transgredan.

El soberbio pensó que nadie se enteraría, pero Beto Ortiz lo descubrió y nos mostró la verdadera esencia del ex presidente accidental: un anti-líder, un hombre vacío, sin virtud alguna, lleno de torvos secretos, un alma podrida convencida de que ganará con sus embustes, ignorando aquello escrito por la pensadora ruso-estadounidense Ayn Rand en La Rebelión de Atlas: “una mentira es un acto de auto-abdicación, porque uno entrega su propia realidad a la persona a quien miente, haciendo de esa persona su amo cuando solo se convierte en esclavo de sus palabras y de a quienes miente”. Este le mintió a todo un país.

Delira cuando asegura haber tomado una decisión “valiente” al vacunarse secretamente, mientras miles de peruanos morían por el virus del Partido Comunista Chino, PCCh. Lo que hizo fue un acto de cobardía que linda con el hijoeputismo más perverso. Desvaría cuando quiere erigirse como un héroe equivalente al joven estudiante de medicina Daniel Alcides Carrión (1857-1885) quien se inoculó sangre infectada con la bacteria Bartonella bacilliformis usando su propio cuerpo para estudiar el desarrollo y evolución de La Verruga Peruana o Fiebre de La Oroya, que terminó matándolo.

Vizcarra ha sido fiel peón de Odebrecht, traidor de Kuczynski, apoderado de Graña y Montero, director de orquesta de la Fiscalía, el Poder Judicial y la prosti-prensa -que hoy le dijo adiós para siempre-; el espía y ojeador de sus opositores políticos que fomentó la prisión preventiva de Keiko Fujimori sin que hubiese tan siquiera una investigación contra ella; el íncubo que empujó a la muerte a Alan García, acosándolo con su policía política, con sus once periodistas y asesores. El ex presidente casual, es el asesino mediato de al menos cien mil compatriotas por su manejo de la pandemia, el peor del planeta. Lástima que haya sido inmunizado porque no sufrirá en carne propia la desesperación por oxígeno, por una cama o un rinconcito en la red de establecimientos de salud en la que su gobierno no invirtió un sol, pese a haber prometido que en 2019 inauguraría ochenta hospitales y centros de salud. https://exitosanoticias.pe/v1/presidente-vizcarra-el-2019-inauguraremos-80-centros-de-salud-y-hospitales/

Cientos de muchachos salieron a protestar cuando el Congreso vacó a Vizcarra por incapacidad moral, esa que hoy es extremadamente evidente. Dice que solo se vacunaron él y su esposa, aunque probablemente esa suerte haya alcanzado a su entorno más cercano. Vizcarra ha muerto políticamente de pinchazo, antes que después lo veremos tras las rejas. Hay aún mucho por conocer de sus inmundicias.