Se le descalabra el castillito de naipes a Vizcarra. El círculo íntimo que lo acompaña desde Moquegua -Mirian Morales, Karem Roca y Óscar Vásquez- lo ha abandonado. O más claramente, él lo ha echado de palacio de gobierno en vano intento por apagar el cortocircuito que ha creado la mafia vizcarrina al interior de la Casa de Pizarro, para pagar favores a amiguetes, con dinero del contribuyente. Y todavía faltaría que salten a conocimiento del público muchas otras corruptelas más. El zombi que nos gobierna no debe dormir alucinando en qué nueva puñalada recibirá a la hora o al día siguiente. Es el síndrome del culpable, puesto en evidencia delante de 32 millones de peruanos. Gente que ahora comprueba que fueron –y son- ciertas las versiones que dábamos algunos pocos, señalando que Vizcarra no era el luchador contra la corrupción que pregonaba con hipocresía sibilina, sino un mero farsante, aprovechador y manipulador profesional. Pero la experiencia enseña el peligro de mantener a fieras heridas dentro del mismo redil. En su desesperación, son capaces de cualquier cosa, con tal de evitar el peligro. En este caso, ser imputado, procesado y condenado por delitos flagrantes. La verdad es que Vizcarra es hoy una bomba de relojería instalada en el cenáculo del poder. Tanto por la sucia conciencia que lo impulsa, como por sus genes retorcidos. Aunque lo salva, por ahora, la incoherencia de las elites socioeconómica y política del país, sumadas a esa mayoría parlamentaria que, tras manifestarse indignada ante la incapacidad moral de Vizcarra -para continuar ejerciendo la jefatura del Estado- acabó votando por su permanencia como gobernante, en el momento más álgido para este país.

Porque recordemos que en estos siete meses que restan para unas elecciones críticas para nuestro futuro, la sociedad votará por un nuevo presidente y un flamante Parlamento. Sin embargo, la crema de nuestra academia y aquel señorío de nuestra aristocracia empresarial, financiera y política, han colocado a Vizcarra como el titiritero para los comicios de abril 2021. Con las graves consecuencias que significan para el Perú que quien se sabe culpable tenga la capacidad de interferir -a través de las miles de fórmulas que hay en procesos como estos- direccionando el voto hacia quien mejor le convenga. ¿Cómo así? Usando al Estado –que aún gobierna, porque una partida de incalificables se lo han permitido- para apoyar al postulante que pacte un acuerdo con él, permitiéndole que se libre de la cárcel que le espera. Por cierto, es riesgosa y muy compleja esta jugarreta. Pero, señores, Vizcarra –y la calaña de gente que le rodea- se juegan la libertad. Parafraseando a Roosevelt, “De nada hay que tener tanto miedo como del propio miedo”. De modo que librarse de la cárcel superaría cualquier riesgo.

Nadie controla al presidente Vizcarra. Mientras él domina al Poder Judicial, TC, JNE, PNP, FFAA, y, obviamente, a ¡la prensa corrompida! Con aquello le basta para mover los hilos que necesita. En concreto, un régimen paralelo fuera del control Democrático. ¡Porque Vizcarra permanecerá ignorando al Congreso!