Un fariseo sigue ocupando el sillón presidencial. Primero apuñalaría a su mecenas promoviéndose como el presidente de la anticorrupción –terrible falacia- y luego dio un golpe de Estado para deshacerse del Parlamento, gobernar en solitario, elegir un Congreso a su medida e impedir que ese poder nombrase a los miembros del TC para reemplazar a los seis actuales, con plazos de nombramiento vencidos. Justificaría su Coup d’etat en que el Legislativo “entorpecía al Ejecutivo”. Finalmente, se comportó como cualquier desvergonzado al no decir una sola palabra ante el Congreso -ni frente a la Opinión Pública- sobre los flagrantes delitos que cometió en la Casa de Pizarro, al negociar con su círculo íntimo -como cualquier capo de banda de mafiosos- la manera de zafarse de ser acusado por tráfico de influencias. Con lo cual, cometió otros delitos. Entre ellos, encubrimiento, falsedad genérica y crimen organizado. Como declarara el ex legislador Carlos Bruce, “El presidente quiso victimizarse. Pero con estos audios no hay victimización que valga”. Porque Vizcarra urdió el ocultamiento de pruebas. Además según Bruce en los audios “No se escucha a una subordinada (sus asistentes Karem Roca y Mirian Morales) intentando imponerle algo, sino que el presidente está metido en hechos delictivos; y eso no tiene nada que ver con la confianza que le tenga un subalterno”. Sin embargo ante esto Vizcarra ha callado en siete idiomas respecto a tales cargos demoledoramente graves. Otra felonía.
Hay más. El mismo individuo que decapitara la majestad del Legislativo promoviendo una campaña mediática en su contra -usando a un clan de diarios, radios y televisoras cuya opinión comprara con su dinero, amable lector, para que sirvan de parlantes al gobernante trasgresor- acusó al Parlamento de obstruccionista, oneroso e inservible, a la vez que arremetió contra la oposición nacional. No obstante ahora Vizcarra sostiene que “de nada sirve la pelea entre autoridades. Afectan a la población. Dejemos de lado discusiones estériles”. Típica conducta de cualquier sujeto con visos de esquizofrenia. Porque, sin ir muy lejos, apenas semanas atrás Vizcarra arrollaba a toda la oposición abusando del significativo peso que da la presidencia y malversando los recursos del contribuyente. Entonces precisemos. Lo que ocurre es que hoy Vizcarra es consciente de haber delinquido. Y además entiende que, por su propia voz, la opinión pública está enterada de su fechorías. Viéndose entonces contra las cuerdas, iza bandera blanca. Pero únicamente para permanecer atornillado al poder, seguir mintiéndole al país y permitir que quienes jamás fueron electos por el pueblo para gobernarlo –la progresía marxista-caviar- continúen haciendo de las suyas a costa de dinamitar a diario nuestra democracia y pisotear el Estado de Derecho.
Apostilla. El arquitecto de nuestra salvación económica y colaborador de EXPRESO, Juan Carlos Hurtado Miller, citaba ayer una frase lapidaria: “Señor presidente: Hacer patria no es hacer política; no es sólo cuidar el terruño, ni es sólo organizar el Estado. Lo más importante es proteger la creatividad y el trabajo de los individuos.” Y Vizcarra, precisamente, ha movido cielo y tierra para desproteger al ciudadano.