A la hora undécima, cuando la crisis ha alcanzado cotas delirantes y cuando él ya está contra las cuerdas, Vizcarra lanza un SOS sólo para librarse de la condena que tendrá tras el juicio que le espera, no para salvar a la nación. Dice: “No es momento para la división sino para la unidad y el consenso (…) Nuestra obligación con la patria significa voltear la página de las diferencias y continuar trabajando a favor de los peruanos (…) Ya no podemos perder un minuto en confrontaciones políticas ni lucha de intereses, mientras la vida de miles de peruanos está en riesgo.”
Ingeniero Vizcarra, conserve su enorme cinismo para cuando deje usted finalmente la presidencia. Antes deberá sincerarse con la ciudadanía. No continúe dando más giros copernicanos sin antes pedir disculpas por haber incordiado perversamente a quienes no comulgan con sus mentiras, tratándolos como a peruanos de segunda fila. Usted ha engañado impunemente a todos los pobladores durante dos años y cuatros meses. Y cuidado que, con ello, no sólo ha desperdiciado tiempo valioso para mejorarle la calidad de vida de la ciudadanía. Sino que durante todo ese período ha contribuido a dañar aún más al país, violentando su Estado de derecho al consumar un golpe de Estado para deshacerse de un Congreso que le incomodaba. Aunque, en verdad, lo hizo para gobernar en solitario. Porque usted, señor Vizcarra, rechaza el sistema democrático. No soporta que le den la contraría. En síntesis, no permite las opiniones diferentes. Y eso, en cualquier nación, más temprano que tarde deviene en dictadura.

Usted, como presidente, ha pretendido manejar a empellones al Congreso elegido por el pueblo en 2016, motejándolo de obstruccionista. Incluso si hubiese sido así, aquello es parte del juego democrático. Por eso la Carta Magna prevé tres poderes del Estado como contrapeso para mantener una autoridad compartida. En ello estriba el Estado de derecho. Un principio contrario al poder omnímodo que tanto anhela usted para gobernar sin controles. Y por esto se empeñó en modificar la Constitución, injertándole capítulos que le permitan adecuar a sus intereses temas vertebrales como manipular la Justicia y gestionar los procesos electorales. Recuerde nomás su abuso reflejado en el ucase que le dio al poder Legislativo para que, sí o sí, redactase los términos de la reforma constitucional calcando el texto digitado por una junta de “notables”, presidida por un bribón que fuera forzado a renunciar al cargo que ejercía en la ONPE por haber faltado a la ley y violado la ética pública.

No porque usted lo pida, de la noche a la mañana, las fuerzas políticas –que continúan indignadas ante la incapacidad con que sigue usted gestionando la crisis sanitaria y el colapso económico– van a “voltear la página de las diferencias”. Primero demuéstreles que su llamado a la concordia es auténtico. No aceptarán otra engañifa suya. Tanto a Juan Pueblo como a los poderes Legislativo y Judicial. Para empezar, en el acto debe dejar usted de seguir manipulando como coto presidencial a la Fiscalía de la Nación.