Este inminente repechaje -o segunda vuelta electoral- que coloca en grave riesgo a la estabilidad democrática del país, viene soslayando la importancia de lo que está ocurriéndole a millones de peruanos que, por culpa del Gobierno, siguen siendo víctimas -hasta mortales- del covid. Tanto por el miserable Vizcarra como su guardaespaldas Sagasti. La muerte de 500 peruanos al día ha dejado de ser, por ahora, una noticia de interés, frente a la apremiante cercanía del desquite electoral. Un descuido que beneficia a Vizcarra y Sagasti, que siguen pasando desapercibidos siendo culpables -hasta la fecha- de la muerte de más de 160,000 ciudadanos, víctimas de una pandemia que explosivamente dejaron crecer ambos gobernantes. Ninguno fijó una estrategia de contención, como lo demandaban tanto el sentido común -impulsado por EXPRESO y Willax TV, fundamentalmente- y por la Organización Mundial de la Salud. Ni uno ni otro aceptó comprar pruebas moleculares (despilfarraron recursos para adquirir las inútiles pruebas rápidas a precios astronómicos), como tampoco compraron plantas de oxígeno, respiradores mecánicos, camas UCI, etc. Por si fuera poco, ni Vizcarra ni Sagasti adquirieron las cantidades de dosis de vacunas necesarias para inocular a los 32 millones de connacionales. Es decir, Vizcarra y Sagasti violaron sistemáticamente sus obligaciones como jefes de Estado, dejando inerme a Juan Pueblo frente a una peste mortal. Ante semejante crimen social, ¿es aceptable que la sociedad peruana calle y permita que siga sin proceso ni condena un delito de lesa humanidad cometido por presidentes culpables de haber desatendido sanitariamente a su sociedad? Concretamente, el ruin Vizcarra y su secuaz Sagasti. La verdad es que no existe explicación ante semejante espíritu conformista de la gente de este atribulado país. Salvo que hoy la sociedad peruana está resquebrajada por culpa de su indigna clase política. Aunque, sobre todo, por esa cicatería llamada “gran prensa” nacional, que distorsiona la realidad para proteger al poder de turno y luego extenderle la mano para recibir limosnas, como contraprestación a sus servicios desinformativos que sólo benefician al gobernante ocasional. Sin ir muy lejos, el escándalo de las vacunas merece un capítulo aparte. Vizcarra, su mujer y su hermano se vacunaron secretamente en setiembre. Privilegió su pellejo a costa de los ciudadanos, a quienes él previamente debió proteger. Hicieron lo mismo ministros, congresistas, altas autoridades, pese a estar al servicio de la sociedad. Se vacunaron primero, con la anuencia del miserable Vizcarra. ¿Y no pasa nada? Por cierto, el contrato con Sinopharm -muy probablemente elaborado para comprarle en exclusividad la vacuna a China comunista- es un pacto ultrasecreto. ¿Por qué? ¿Qué esconde? ¿Quizá el precio es el secreto? Se dice que la vacuna china sería la más cara del planeta y la menos eficiente de todas. Perú habría pagado US$30.00 por dosis, cuando las mejores valen alrededor de US$8.00. Quizá debido a esto, tras indagar la Fiscalía, el Ministerio deSalud negaba tenerlo alegando sospechosamente que “se ha extraviado”. ¿Quién asume semejante barbaridad, tamaña burla al pueblo, ingeniero Sagasti?
Vizcarra y Sagasti deberían ser condenados ejemplarmente por lesa humanidad.

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