No importa que la mentira sea evidente, Vizcarra lo negará, ya sea balbuceante o con un diálogo que no puede ser interrumpido porque pierde el hilo de la paporreta, pero su lenguaje gestual lo delata, genera tan poca credibilidad que sus entrevistas deberían ser con un detector de mentiras. Engaña hasta con la salud de las personas. Dice tenerlo todo bajo control, pero jamás ha tocado el tema de la repercusión del Covid-19 en otras enfermedades. ¿Me pregunto (sabiendo la respuesta) si el Minsa maneja información de los daños colaterales que está provocando esta pandemia en pacientes de cáncer u enfermedades cardiacas? Remoto, ni siquiera tienen estadísticas creíbles de los infectados. ¿Alguien se ha molestado en estudiar las secuelas de los confinamientos en la salud mental? Improbable, ese es un lujo de países desarrollados: cerremos las playas y sigamos confinando a los niños. ¿En qué se basa el Ejecutivo para tomar sus decisiones? ¿Quién los aconseja? Los propios ministros, de escasas capacidades, opinando sobre temas que escapan a su competencia y la presión. Bastó que Juan Carlos Oblitas protestara para que permitieran salir a los adultos mayores de 65 años.

La recuperación económica es un espejismo. Cuándo comprenderán que confinar no salva vidas, solo nos hace más pobres. El MEF está jugando a la casita, los especialistas dan explicaciones coyunturales como la postergación del inicio de la Fase 4 o la moción de vacancia: muy poca profundidad en el análisis. Hoy el Perú necesita dos o tres importantes proyectos mineros que muevan la economía, como lo sería Tía María. A pesar del permanente maltrato a la inversión privada, encabezado por la arbitraria Sunat que acaba de asestarle un injusto golpe a Las Bambas por IGV, o ser calificados como dueños de las culpas conspiratorias, todavía hay quienes confían en el país. Sin embargo, Vizcarra no se la va a jugar, su único objetivo es distraer y limpiar su pasado, todo le da igual salvo perder el poder. El único plan del Gobierno es capear el temporal a golpe de propaganda y con chivos expiatorios.

La elección del TC es otra tomadura de pelo del Congreso, del que no queda el menor rastro de su esencia: debatir y argumentar con solidez. Denuncia la exprocuradora Delia Muñoz que en el Reglamento para la Elección de los Magistrados del Tribunal Constitucional se han colocado requisitos que vulneran la Constitución y le cierran la puerta a gente valiosa, cuando el acceso a la administración pública debería ser siempre en igualdad de condiciones.

Por ejemplo, se mide la capacidad intelectual de los postulantes por su habilidad para escribir artículos en ciertas publicaciones científicas, otorgándose cinco puntos por artículo, comparado con cuatro puntos a una maestría en el extranjero y doce al importante grado de Doctor en Derecho. Tan absurdo como lo lee, con el agravante que esa sumatoria de puntos constituye el 85% de la nota total. ¿Dónde quedó la trayectoria e idoneidad moral de las personas? ¿Y la meritocracia? Buscan otro TC a la medida y Vizcarra podrá dormir tranquilo, ¿o no?