Al okupa de Palacio lo persigue un pasado lleno de sombras, desde sus tiempos como gobernador de la región Moquegua, apoderado de Graña y Montero, y proveedor de un consorcio integrado por Odebrecht. Hoy es rehén de la prensa que lo envalentonó a dar su “golpe blanco” y a disolver el Congreso, desembarazándose del fujimorismo y del aprismo, abiertos opositores del cuestionable acuerdo con Odebrecht, es decir la empresa que nos saqueó y hoy sigue contratando con el Estado. ¿Vomitamos?

Luego de arrasar inconstitucionalmente, el Legislativo fue alentado por esa misma prensa para perseguir a Keiko Fujimori y al dos veces presidente Alan García, en base a dichos no corroborados, de fuentes presumiblemente extorsionadas que hasta la fecha han sido incapaces de presentar prueba alguna. Keiko –quien no ha sido gobierno– estuvo presa más de un año; Alan García –investigado por más de tres décadas– prefirió quitarse la vida antes de ser parte del circo montado por el desorbitado fiscal José Domingo Pérez y de la Diviac, en la práctica policía política del régimen.

‘El Comercio’ del que Vizcarra ha sido títere (y apoderado de la empresa de uno de sus accionistas) le lanzó una portada dominguera sacada del cajón de los refritos, con una denuncia publicada por Expreso hace meses. Al día siguiente de empapelarlo su editorial dice que la afirmación del aspirante a colaborador eficaz (o sea su portada) no debe tomarse como verdadera pues no ha sido corroborada. ¿Qué periodismo es ese? No tengo duda de que la honestidad no es el fuerte de Vizcarra, pero es claro que la finalidad de esa portada del refrito es distraer sobre sus vinculaciones con Odebrecht, cuando fue ministro de Transportes y Comunicaciones de Kuczynski, y cargar el escándalo de las constructoras corruptas solo en aquellas no consorciadas con la brasileña, en gigantescas obras sobrevaloradas. Vizcarra debe ser investigado y castigado si corresponde, lo mismo que los corruptores pequeños y grandes.

La decrepitud espiritual y moral de este gobierno, de la gran prensa vendida y de la mugresía caviar arrastran al país a la ruina. Sabemos que allí donde hay un corrupto hay un corruptor. ¿A qué gran corruptor se ha castigado? Vamos, a Odebrecht, y a Graña y Montero hasta se les ha premiado concesionándoles nuevas obras, dando el mensaje hampón de que es legítimo, digno, plausible y tolerable apropiarse de lo ajeno, desmereciendo el trabajo honesto y esforzado.

La prensa pro-Odebrecht, dice y se desdice, inoculando el virus de la confusión. ¿Qué pasa, Vizcarra es ya inservible para los intereses de Odebrecht? ¿Con qué candidato estará cómodo Marcelito O.? Paciencia, ‘El Comercio’ lo encumbrará sin sonrojarse.