La trama #VacunaGate ha dejado muy mal parado al Gobierno Morado de Francisco Sagasti, ya que bajo sus narices se han vacunado ilegalmente cientos de funcionarios públicos, incluidas nada menos que Pilar Mazzetti, ex titular del Minsa y la excanciller Astete. Pareciera que Sagasti se encuentra en las nubes y todo el mundo actúa a sus espaldas y/o hace lo que quiera. Ni Sagasti ni la primer ministro Bermúdez pueden explicarle al país muy bien el destino del íntegro de las dosis para la investigación científica de la vacuna china en Perú. Aún hay números que no cuadran. Una vergüenza total.

Esta vacunación irregular empezó con Vizcarra siendo presidente, quien con su familia y allegados optaron por salvarse mientras el Perú contaba sus muertos por decenas de miles. Mientras no había estrategia para dotar al país de oxígeno o camas UCI, mucho menos una hoja ruta para cerrar contratos con más laboratorios el moqueguano y su corte tomaban el bote salvavidas. Si esto no es causal de inhabilitación por el Parlamento no sabemos qué pueda calificar. Entendamos, #VacunaGate quiere decir que unos pocos traidores a la patria optaban por aprovecharse de sus posiciones mientras condenaron a la muerte a muchos peruanos por manejar la pandemia cómo lo hicieron, con tanta negligencia; no había prisa pues ellos ya se habían inmunizado.

Este escándalo reduce sin duda las posibilidades del Partido Morado, que postula a Julio Guzmán a la presidencia de la república. El vizcarrismo político ha entrado en grave crisis, puesto que luego de este asunto será muy difícil no sólo que los ex aliados morados remonten sino además será muy complejo que Somos Perú y Salaverry pasen la valla electoral con un Vizcarra – su candidato parlamentario estrella- tan desprestigiado.

Sin embargo el vizcarrismo aún subsiste en otros espacios, entre ellos en la dimensión electoral con un presidente del Jurado Nacional de Elecciones como Jorge Salas Arenas, quien ha demostrado inclinar la cancha de manera abierta y descarada en favor del moqueguano. No sólo lo ha salvado de fundamentadas tachas, como las presentadas por Yeni Vilcatoma y Mónica Yaya, sino que además ha ido eliminando opositores a la coalición que sostenía al expresidente. Salas Arenas, con su doble voto, ha jugado un papel clave en las exclusiones totales o parciales del Apra, TPP, Frente Esperanza, Perú Nación y el PPC. Lo que se cocina en Perú, si este magistrado continúa al frente del JNE, es un fraude electoral. Para que las elecciones sean limpias y transparentes Jorge Salas Arenas no debe presidir el órganismo electoral que llevará a cabo la primera vuelta en abril y la más que segura segunda vuelta en junio. Los demócratas debemos exigir su salida inmediata con energía.

Mi solidaridad especial con Rafael López Aliaga, el candidato presidencial de Renovación Popular a quien el Jurado Electoral Especial ha iniciado un absurdo proceso sancionador orientado a su exclusión. Curioso que cuando empieza a aparecer en diversos sondeos de opinión lo quieran sacar de carrera. La alerta de unas elecciones amañadas es real y consistente.