El pasado sábado, el mandatario Francisco Sagasti participó con mucho entusiasmo en la Cumbre sobre la Ambición Climática, convocada conjuntamente por Naciones Unidas, Reino Unido, Francia, Italia y Chile.

Es usual en este tipo de eventos la generalidad, los buenos deseos y las promesas que son quimeras y el mandatario no se perdió la oportunidad para sumarse a esta corriente.

La promesa del señor Sagasti no fue poca cosa, afirmó que: “en términos de mitigación, aumentaremos nuestra ambición frente a la reducción de emisiones para el año 2030. Este compromiso se reflejará en la actualización de nuestras contribuciones nacionalmente determinadas”.

El compromiso voluntario de cada país de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), es lo que se conoce como “contribuciones nacionalmente determinadas” (NDC), habiéndose puesto metas a cumplir en el año 2030. En el caso peruano las NDC son de 20% pudiendo extenderse en 10% adicional.

Las cifras oficiales del Ministerio del Ambiente (Minam) sobre la emisión de GEI en nuestro país muestran un ascenso desde el año 2014 (fecha en la que se realizó en Lima la COP 20), desde 194 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalentes (MMTnCO2e), habiendo proyectado que al cierre del 2019 llegarían a 226 y que al 2030 ascenderían a 298.3 MMTnC02e; sobre esta última cifra es que se evaluará el compromiso de reducción del 20%, que sería de 59.7, pudiendo tenerse un 10% adicional, con el que se totalizaría 89.5 MMTnCo2e.

La gran interrogante es: ¿en qué sectores se debe apuntar para el recorte? Para ello es indispensable conocer la cantidad de emisiones por sector; así se tiene que la deforestación representa el 51%; energía 26%; agricultura 15%, desechos 5% y procesos industriales 3%.

Para el cumplimiento del ofrecimiento tendría que tenerse una política y acción para combatir la deforestación; la disminución de combustibles de origen fósil, por el uso de biocombustibles y electromovilidad y contraer el consumo de gas natural en la producción de electricidad, utilizando recursos energéticos renovables. En ninguno de los casos mencionados hay decisiones para ir en la dirección apropiada, por lo que la promesa pronunciada con solemnidad es falsa.