La desinformación y la manipulación de 32 millones de peruanos concluyó ayer. La cadena de insinuaciones, “fake news”, golpes bajos, etc., ha llegado a su fin, amable lector. Hoy quien va a decidir en solitario es usted. Lo hará en la cámara de votación, acompañado por su conciencia y su mirada a futuro.

A usted, señor o señora, ahora no debe importarle aquel cortoplacismo que impulsa la corrupción que está detrás de toda esta politiquería. Corrupción que ha envenenado a país, y que insiste en utilizar a la gente como borrega induciéndola a votar por quienes tienen intereses particulares -no por el bien del país- para seguir medrando de su bolsillo. Pues ayer ya acabó esto.

Inclusive hoy no valen esos sondeos fabricados para insinuar que determinados candidatos habrían subido y/o bajado en las “encuestas” envenenadas por la corrupción, con el propósito de manosear su conciencia y teledirigir así su voto. Hoy, domingo, es usted quien debe ejercitar su cerebro y recordar la muerte, el caos, la corruptela, la ratería, la falta de seguridad ciudadana, la miseria nacional, el atroz desempleo, la amenaza terrorista, etc.

Vale decir, la desgracia que en esta última década han instalado acá cuatro mandatarios que han gobernado nuestra nación para beneficiarse, en detrimento del pueblo. Recuerden siempre sus apellidos. Humala, Kuczynski, Vizcarra, Sagasti. Gente perversa. Los primeros imputados por corruptos, mientras el cuarto va camino a ello. Todos aprovecharon del poder entregándose a la progresía marxista, dejándola que gobernase en su nombre mientras ellos se dedicaban a trapichear bajo la mesa dividendos para sí mismos de toda naturaleza.

En apenas una década, la izquierda ha vuelto a destruir el Perú. Y quienes hemos pasado por este trance -salir de esa miseria a la que el socialista necesita utilizar como recurso táctico para controlar al ciudadano a través de subsidios artificiales, y dádivas que continuarán mermando los recursos fiscales para, teóricamente, paliar el hambre y horror que los rojos instalan en el país y así, de la mano de la corrupción, gobernar autocráticamente en nombre del pueblo-, quienes ya pasamos por esos momentos, repetimos, conocemos el sufrimiento que necesitará soportar la gente, sobre todo la más necesitada, para que podamos superar una crisis nacional como la que hoy enfrentamos.

Y mientras más años se enquiste la izquierda en el poder, pues será cada vez más arduo y complicado salir del gulag. Hasta que llegue un día en que todas las generaciones se hayan acostumbrado a vivir en la miseria y ya no haya camino de vuelta. Como ocurrió en Cuba y Venezuela.

No cometa, amigo lector, el error de votar inconscientemente ni hacerlo escuchando aquellos cantos de sirena que sirven para envolver de buenistas a los antropófagos zurdos o a aquellos falsos valores que sólo gobiernan para robarle al pueblo. Aplique su inteligencia y recuerde que el país ya ha pasado por la misma engañifa en comicios anteriores. Hoy, señores, necesitamos votar conscientes de que está en juego no sólo el futuro nuestro sino el de nuestros herederos.

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