No es sorpresa que la conformación del Congreso que se elegirá en unos días será el más atomizado ab origine, es decir desde las urnas, y que, como los anteriores, probablemente se fragmentará aún más durante el periodo quinquenal debido a tránsfugas, oportunistas y felones. No hay novedad en esto fruto del colapso de la partidocracia y a la espera de que la valla electoral en estos comicios acabe de una buena vez con los vientres de alquiler partidarios que tanto daño le han hecho a nuestra endeble Democracia Representativa.

Dada la coyuntura, tampoco sorprende que tengamos candidatos presidenciales aupados a organizaciones políticas de fachada o recicladas y también aspirantes a parlamentarios subidos al carro a última hora. Hay de todo como en botica y en estas condiciones no llama la atención que los principales postulantes a jefe de Estado tengan mayor intención de voto nacional que sus listas congresales salvo en el caso de los dos partidos que compiten sin plancha presidencial.

En nuestro caso, ya adelantamos en la columna anterior la simpatía presidencial y la mantenemos a pesar de sus excesos vanidosos demostrados en el debate organizado por el JNE. En cuanto a las curules en Lima, nos vamos por otro lado y cruzamos el voto en favor de dos candidatos a quienes conocemos y cuya trayectoria y voz será valiosa para tratar de enderezar el alicaído Parlamento. Una fue impecable fiscal de la Nación y el otro destacado general del Ejército y ministro de Defensa. Para más señas encabezan la lista de APP cuyo símbolo es la letra A. ¡AMÉN!