Estamos a muy pocas semanas para emitir nuestro voto en las elecciones generales y congresales de abril de 2021, para lo cual se hicieron algunas reformas parciales constitucionales, así como en la normatividad electoral, creyéndose, a instancias del Gobierno, presidido por Martín Vizcarra, que ello era la panacea y que con las reformas se corregirían todos los antiguos defectos de nuestra ineficiente Democracia.

Gran parte del electorado, erróneamente, considera que se cumple con la obligación cívica, depositando la boleta de sufragio en el ánfora respectiva. Gravísimo error, no basta concurrir al local de votación y emitir el voto. Eso lo hace cualquiera. Un buen ciudadano tiene que votar bien, es decir, en forma responsable, sustentada en la reflexión y no en la emoción, por más que se siga diciendo que la política es antropomorfa.

Si queremos tener un adecuado Gobierno y un aceptable Congreso, tenemos que votar por personas que tengan un comprobado compromiso cívico, que puedan demostrar experiencia y conocimiento, pero sobre todo, que sean honestas.

Francamente, estamos como dicen, escamados, con sucesivos Gobiernos, tanto de nivel nacional como regional y local, que no llenan nuestras expectativas y que no resuelven los problemas del país, sino los agravan. Y, ni qué decir de los Parlamentos, que dictan leyes populistas y nos dan espectáculos grotescos y de bajo nivel, además de haber convertido al Congreso en el palacio del populismo, en que se aprueban leyes irresponsables que generan forados fiscales, que al final los platos rotos los pagamos todos.

Pero ¿de quién es la culpa con las pésimas decisiones electorales? Evidentemente de quienes emiten el voto, sin conocer debidamente a los candidatos, olvidando que elegir no es un juego sino una decisión de grave responsabilidad y, que. si se escoge mal, las consecuencias serán nefastas para el Perú, como varias veces aconteció, bastando para acreditarlo, que casi todos los que han presidido la Nación y que están con vida, tienen deudas pendientes con la justicia y diversidad de procesos penales en que están comprometidos.

No solo hay que pensar en los candidatos, sino en la agrupación de procedencia, conocer sus postulados, sus lineamientos, sus inclinaciones, así como cuál es la ideología política que las diferencia de las demás. Si queremos un país que se desarrolle para elevar los niveles de vida de la población y reducir ostensiblemente la pobreza, no se nos ocurrirá por cierto, votar por candidatos de partidos de izquierda marxista. Ya sabemos que son distribuidores de pobreza, con muchos ofrecimientos, pero con una única realización negativa, hacer a nuestra sociedad más pobre.

No decimos menos próspera, simplemente y sin maquillaje paupérrima, como ya hemos visto en otras latitudes y, lo que es peor, restringiendo e incluso anulando las libertades ciudadanas.

Tengamos también cuidado con los populistas oportunistas, que quieren llegar, pero no saben para qué, como tampoco conocen las herramientas para hacer realidad los sueños de opio que descaradamente venden a los ilusos.

¡Por el amor de Dios, alguna vez emitan voto responsable!