Durante muchos años, cada mes de mi vida fui ahorrando parte mis remuneraciones. Los tenía en un banco. Mi ilusión y esperanza era llegar a S/ 100,000 para cómprame un departamento. Estos ahora los venden en dólares. En 1991 el dólar costaba S/ 0.896 (o sea que con S/ 100,000 tendría US$ 111,607) y en 9 años llegaría a los S/ 100,000. Pero ¡oh desgracia!, el dólar subía y bajaba de precio. El 2000 estaba a S/2.826. El 2015 ya costaba S/ 3.186. En noviembre del 2020 fue S/ 3.497. Ya estábamos en plena campaña electoral. Mis ahorros se achicaron. Los S/ 100,000 se juntarían en 31 años de ahorro. Ya no podía comprar el departamento.
Ayer la gente estaba espantada, el dólar costaba S/ 4.00, los S/ 100,000, se convirtieron en sólo U$25,000 o sea menor de la cuarta parte de lo que tendría en dólares el año 1991. Mis ahorros han perdido su poder adquisitivo. Ya no se puede comprar lo que la gente necesita al precio de diciembre de 2020 pero sus remuneraciones no se elevaban en un centavo. Ya estábamos en la pandemia y la desgracia mayor era que la gente sufría las consecuencias de como resultaban las elecciones presidenciales.
Mientras, la moneda nacional se va devaluando por las promesas electorales, el valor de las remuneraciones y ahorros de la gente se van “achicando” paulatinamente como resultado de las elecciones. Los precios de los alimentos se elevan paulatinamente. Ello traerá no solamente el pesar y angustia de los trabajadores y sus familias, sino la desilusión camino a las protestas populares. La devaluación podría ser incontenible. Los empresarios no tienen problema porque sus dineros ya los están “transportando” fuera del país donde les garanticen que puedan invertir razonablemente con certidumbre en sus ganancias. Se vislumbra que a futuro cercano la desgracia económica será incontenible.
Es momento que los políticos reflexionen. Deben orientar su política a fortalecer la economía nacional, dar seguridad a los empresarios nacionales, atraer inversiones foráneas que honestamente constituyan grandes centros de producción para satisfacer el mercado nacional e internacional, generando puestos de trabajo con remuneraciones que permitan una vida digna a los trabajadores y sus familias, reduciendo la pobreza.
Un país oriental, sin renunciar a los fundamentos ideológicos y políticos de sus gobernantes, comenzó por fortificar su economía hasta convertirse en una potencia económica mundial admirada. Comenzó por atraer inversionistas.
No admitamos la desgracia nacional y del pueblo.

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