Vuelve la amenaza nuclear

Vuelve la amenaza nuclear

Después que en la reciente reunión de mandatarios y otros líderes políticos europeos y de otras partes del mundo, en París, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, dejara entrever la necesidad de salir en auxilio de Ucrania, seguramente por un desplazamiento de tropas por la OTAN hacia ese país que se haya en guerra con Rusia, no tardó en responder su homólogo de Rusia, Vladimir Putin, señalando que, ante ese escenario, entonces podrían ejercer su derecho a la defensa, llevando adelante el uso de armas nucleares. Hallándose en la categoría de armas no convencionales, su uso está proscrito por la comunidad internacional, y las grandes potencias que la cuentan, entre ellas, precisamente Rusia, lo saben muy bien. Desde que fueron utilizadas por los Estados Unidos de América en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, precisamente para ponerle fin a la Segunda Guerra Mundial, en 1945, impactando a la paz y seguridad del planeta, al cobrarse la vida de más de 240 mil personas, los esfuerzos internacionales para evitar que vuelvan a ser empleadas ha llevado a los países en el marco de las Naciones Unidas, al mismo tiempo que a privilegiar y priorizar jurídicamente el principio de soluciones pacíficas –tiene connotación de norma de ius cogens, es decir, de imperativo categórico de cumplimiento obligatorio–, a proclamar su rechazo, y confirmar su compromiso de no aplicarlas en la eventualidad de los conflictos que inexorablemente se produjeran en el mundo, tal como hoy está sucediendo. Ya sabemos que las premisas jurídicas, absolutamente válidas, por cierto, terminan subordinadas al poder político mundial; sin embargo, creo también que soltar la idea de usar armas nucleares en el marco de la guerra entre Rusia y Ucrania, responde a un objetivo disuasivo por parte de Vladimir Putin que últimamente se ha visto cuestionado internacionalmente por la muerte de su mayor opositor, el abogado y político ruso, Alekséi Navalni, que se hallaba encarcelado en Siberia. En la hipótesis de que Putin tuviera responsabilidad por la muerte de Navalni, pareciera, entonces, que el presidente ruso estaría buscando en su discurso y actitud amenazantes, transmitir a occidente, que puede ser capaz de usar las referidas armas nucleares –Moscú cuenta con más de 5,800 ojivas–, habiendo resuelto otras medidas que pocos o nadie creyeron. Por alguna razón, incluso, cada vez que se ha dirigido en mensaje anual al país, se ha encargado de recordar que “Rusia tiene armas que nadie cuenta”. Así las cosas, la amenaza de Putin, estaría logrando un claro objetivo disuasivo al recordar que podría ser capaz de cualquier medida. Pero su mensaje, que está claramente dirigido hacia afuera de Rusia, también sirve hacia a dentro, al haberse incrementando los cuestionamientos al régimen. En todo caso, ya sabemos que la posibilidad de decidir el uso de armas nucleares, será el camino de la extinción humana, y eso Vladimir Putin lo sabe muy bien, por lo que quedará al mundo, rezar para que ese camino, siga siendo proscrito.

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