Esta pandemia que viene azotando al Perú ha puesto a sus más de 31 millones de habitantes en dos condiciones perfectamente reconocibles.

Por un lado, están las personas que un día antes del 15 de marzo de 2020 se sentían seguras de que el mañana traería –bien que mal– los mismos vaivenes a los que estaban acostumbrados. Es decir, salir de casa, caminar al paradero, tomar el bus, llegar al trabajo, interactuar con la gente hasta el término de la jornada, sin mayores preocupaciones que les quitaran el sueño.

Hasta allí, como la película del italiano Roberto Benigni, la vida era bella, y éramos amos y dueños de nuestro futuro. Luego del mensaje presidencial que anunciaba el primer caso de covid-19 en el Perú (hecho que deberemos recordar como una escalofriante estampa en nuestra mente) la vida cambió de inmediato.

Fue como el Fujishock, aquel anuncio del paquetazo del 7 de agosto de 1990, con la frase “Que Dios nos ayude” del exministro de Economía, Juan Carlos Hurtado Miller. Ese día el sueldo que alguien ganaba se redujo a menos de la mitad. Y todo en un abrir y cerrar de ojos, frente al televisor de tubos Sanyo o National de nuestras casas. En adelante, algunos adquirimos una nueva condición: Los Vulnerables.

Es como si a todos nos hubieran arrancado las puertas de nuestras casas y quedamos sin defensa ante la violencia de los ladrones. Entonces vinieron las nuevas medidas: usar mascarillas, el distanciamiento social, lavarse las manos como locos, usar alcohol, y otras más.

Hoy, un sentimiento de alienación nos embarga, un luto social nos ha mudado el rostro. No queremos evidenciar el llanto, pero como reza el dicho, “la procesión va por dentro”.

Ser y -peor aún- sentirse Vulnerable ya no es una condición solo de los pobres y desvalidos. Ser Vulnerable es la nueva realidad que nos toca vivir hoy, nos duela o no. Esta es una situación que nos obliga a bajar la cabeza, mirar al prójimo con generosidad y replantear nuestra vida adquiriendo nuevos principios y valores, porque los que heredamos, o no nos sirvieron, o los tiramos al tacho.

También existe el grupo Los Todopoderosos, aquellos que juran que el covid-19 no les va a afectar, que es mentira. Son los que dicen “pues de algo hay que morir” y no obedecen las órdenes de las autoridades.

Son los que celebran fiestas en casas y discotecas. Los que cruzan la ciudad para saludar a sus padres por cumpleaños. Los que han multiplicado el virus por no usar mascarilla, por su intransigencia y falta de cuidado.

Vulnerables y Todopoderosos ¿de qué lado estás? Solo es cuestión de saber ubicarse para sumar o restar en esta guerra a un enemigo invisible y que unidos debemos vencer con lo mejor de nosotros.

La frase “Que Dios nos ayude” no vuelva a ser la voz traumática de los 90, sino la declaración de mujeres y hombres que en el 2021 deciden hacer lo bueno a pesar de formar parte de una minoría. Aquellos valientes que deciden ser sal y luz de este mundo.

Rolando Donayre Ríos