Walter Ríos Montalvo

Walter Ríos Montalvo

Columnista Invitado III

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Desnuclearizando las dos Coreas

Varios siglos atrás, cuando el concepto de Estado era desconocido en todo el orbe, habitantes de la milenaria península de Corea compartieron vínculos culturales bajo la dinastía Joseon.

Precisamente, este ligamen entre los habitantes coreanos fue el que los llevó a tener un concepto univoco de nación que, entre otras razones, despertó el sentimiento de salvaguarda de la identidad cultural ante las invasiones japonesas acaecidas en 1592 y 1910.  En efecto, el Movimiento Samil (traducido como Movimiento Primero de Marzo) ha pasado a la historia como una muestra de la forma como antes de la desunión de 1948, las actuales República Popular Democrática de Corea (RPDC) y República de Corea (RC) trabajaron juntas por la expulsión de aquellos que pretendieron imponer sus formas foráneas de vida. Sin embargo, una vez logrado este objetivo, y debido a presiones externas de los bandos comunistas y capitalistas, el pueblo de la Península se dividió en dos Estados demarcados por el paralelo 38°. No tardó mucho tiempo desde la liberación japonesa y la sucesiva fundación de aquellos gobiernos, para que ambos se enfrascaran en un conflicto bélico que dejó cerca de dos millones de muertos en solo tres años.

Hasta el día de hoy la paz no se ha firmado. Solo existe un armisticio que cada cierto tiempo amenaza con reavivar la toma de armas. No obstante, hace poco los representantes de la RPDC y la RC se reunieron en la Casa de la Paz de Panmunjon, ubicada en territorio surcoreano, evento importante desde su inicio debido a que luego del alto al fuego de inicio de los 50, era la primera vez desde la conclusión del conflicto bélico en que un líder norcoreano cruzaba la frontera peninsular. Aunado a ello, y como nota principal de este suceso histórico que llama la atención de todos los habitantes del planeta, en la declaración compartida por ambas naciones, se comprometen a trabajar por arribar a la paz anhelada por los pueblos norcoreanos y surcoreanos; además de que los dos Estados harían los esfuerzos necesarios para desnuclearizar la península coreana.

De por sí, la Declaración de Panmunjon representa un avance trascendental porque en este nuevo periodo de desmilitarización y supresión del concepto tradicional de guerra, reemplazado por la solución de controversias dentro de las reglas del Derecho Internacional o, como sucede en este caso, a través del trato directo entre dos de los protagonistas principales del armisticio, las naciones peninsulares de Corea del Norte y Corea del Sur demuestran cómo un verdadero ánimo por poner fin a conflictos puede (y debe) acabar con las históricas desavenencias en reemplazo del uso de armas que muchas veces su gasto desproporcionado genera ineficientes asignaciones de recursos estatales.



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