Walter Ríos Montalvo

Walter Ríos Montalvo

Columnista Invitado III

Acerca de Walter Ríos Montalvo:





Los derechos de la personalidad de un deportista

Es común leer, en los medios de comunicación deportivos, frases inadecuadas al momento de informar sobre la contratación de futbolistas. Así, diversos medios televisivos, radiales o escritos, comunican que el jugador “X” ha sido “comprado” por la exorbitante suma de € 225 000 000.00.

Ante este escenario, es oportuno advertir el desacertado uso del lenguaje. En efecto, alguien compra objetos, cosas, bienes que en su mayoría de veces son perceptibles por los sentidos.

El ser humano, la persona, no es susceptible de ser comprado. Solo se compran las cosas. La propiedad (decir que esto es mío o que me pertenece) solo se puede predicar respecto a objetos. Bajo ningún contexto es posible adquirir derechos sobre individuos, pues estos están dotados de dignidad.

El deportista –por más que suene obvio– es, ante todo, persona, un sujeto que, como tal, tiene derechos y deberes. Como corolario, el futbolista, así como posee deberes, también tiene derechos como la libertad, la imagen, la buena reputación, el honor, la intimidad, entre muchos otros.

Durante los últimos 10 días, cadenas periodísticas internacionales han formulado declaraciones imprecisas que podrían afectar derechos como el honor, la buena reputación y la intimidad de nuestro seleccionado Paolo Guerrero. En efecto, durante el transcurso del penúltimo viernes, medios extranjeros informaron que el destacado jugador profesional dio positivo en el control antidoping practicado al término del partido entre las selecciones peruana y argentina; asimismo, se señaló que el metabolito hallado se trataría de una droga social o cocaína.

El doctor Elmer Huerta escribió hace poco una columna donde detalla que la cocaína “es un producto sintético o artificial que se obtiene tratando las hojas de coca” y que por “sus efectos poderosamente estimulantes, la cocaína es una droga muy deseada por los deportistas” (El Comercio, edición del 6 de noviembre de 2017, p. 20). Al mismo tiempo, el Diccionario de la Real Academia Española contiene dos definiciones de cocaína: alcaloide adictivo y tóxico, derivado de las hojas de coca, de efectos narcóticos y euforizantes, que se utiliza en medicina como anestésico y vasoconstrictor (1); y como droga adictiva que se obtiene de las hojas de coca (2). Como se puede advertir, en ambos casos el sustantivo cocaína es asociado a la droga con efectos estimulantes y que puede generar adicción.

Retornando al caso del capitán de nuestra selección nacional de fútbol, tras la difusión de aquella inexacta noticia, aparentemente se habría lesionado el derecho a la intimidad y, a su vez, el derecho al honor del deportista, pues la información propalada por aquellos medios de comunicación vincularía a Paolo Guerrero con el consumo de una sustancia prohibida en el deporte. En efecto, al parecer omitiendo una seria labor investigativa, los periodistas internacionales señalaron que la benzoilecgonina (metabolito presuntamente hallado en la muestra del futbolista) se atribuye al consumo de la droga cocaína, sin tenerse en cuenta que esa substancia, conforme a la opinión científica y especializada del doctor Huerta, también puede ser obtenida tras un proceso natural de metabolización de la benzoilmetilecgonina, principal componente de la hoja coca, la cual puede ser masticada o bebida en infusión, sin ser, por lo tanto, la persona que las ingiere un cocainómano o adicto a la droga sintética cocaína.

Las libertades de información y expresión son bienes valiosos consagrados en nuestras Cartas Políticas de inicio como República. Debemos ejercerlas con responsabilidad, sin afectar los derechos de los demás.





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