Walter Ríos Montalvo

Walter Ríos Montalvo

Columnista Invitado III

Acerca de Walter Ríos Montalvo:





MEDIDAS NECESARIAS PERO NO VINCULANTES E INOPORTUNAS

Los últimos días de esta semana han sido de tensión internacional para nosotros y el Gobierno de Venezuela. Nada hacía presagiar que nuestro Presidente retiraría la invitación hecha a Nicolás Maduro para su asistencia a la VIII Cumbre de las Américas; por el contrario, el pasado 7 de febrero, en su visita a San Juan de Lurigancho, nuestro Mandatario señaló que el presidente de Venezuela estaba invitado para la cumbre de abril próximo, no obstante, tras haberse meditado la decisión en torno de la cual giraron cartas y mociones congresales que daban un parecer contrario, días después  la Canciller manifestó a su par venezolano que, en virtud a la Declaración de Quebec del 2001, el representante de nuestra nación retiraba la invitación hecha al presidente venezolano.

A grandes rasgos, la Declaración de Quebec citada por la ministra de Relaciones Exteriores, señala en uno de sus párrafos que los gobiernos que no cumplen con garantizar el sistema democrático ni el respeto al Estado de derecho en su territorio, no podrán participar en los futuros procesos de Cumbres de las Américas. Como observamos, es a partir de esta declaración que el Gobierno del Perú rechaza la presencia del mandatario venezolano en nuestras tierras; sin embargo, la premisa invocada por nuestros representantes gubernamentales parece no tener la eficacia suficiente para impedir que Nicolás Maduro pise suelo peruano. Nos explicamos.

En el ámbito jurídico, los teóricos del Derecho reconocen que al lado de la existencia de normas jurídicas cuyo cumplimiento es obligatorio para todos, existen también normas religiosas, morales y de conducta cuyo acatamiento no es garantizado por el Estado ni por algún ente superior de carácter supranacional; así, si alguien decide no saludar a una autoridad, este comportamiento no es pasible de una multa u otra medida análoga que tenga por propósito incentivar el saludo hacia las autoridades.

Pues bien, una atenta lectura de la Declaración de Quebec nos hace advertir que sus acuerdos no pasan por ser más que expresiones de lo que debería hacerse hacia el futuro para mejorar aspectos como el respeto a los derechos humanos y la institucionalidad de los países de la región, mas su incumplimiento no se encuentra sancionado con ninguna medida que asegure su voluntaria observancia. En este sentido, valerse de una disposición no vinculante a efectos de retractarse y rechazar la presencia de un mandatario extranjero en una reunión internacional a celebrarse en nuestro país, parece no ser más que una buena intención para deslindar con aquellos gobiernos dictatoriales ajenos al respeto de los valores democráticos que deben primar en Latinoamérica.

Más allá de la debilidad del argumento esbozado por nuestra Canciller, era necesario expresar nuestro rechazo a la visita del presidente Maduro, pues su gobierno atraviesa actualmente una grave crisis institucional que pone en tela de juicio su representatividad, no obstante, en una muestra de “falta de mayoría de edad”, nuestro Presidente vuelve a incurrir en un error al retractarse pocos días después de haber adoptado una postura sobre la llegada del mandatario venezolano a nuestro país, lo cual demuestra que todavía este Gobierno no tiene una política clara y directa en sus relaciones internacionales.

Independientemente a las lamentables reacciones que ha despertado esta retratación en las autoridades venezolanas, lo más conveniente ahora que (por fin) se ha adoptado una decisión (aparentemente) inmodificable, es no contestar las advertencias del gobernante venezolano. La mejor decisión pasa, creemos, y compartiendo la opinión del excanciller Francisco Tudela, por no seguir el procedimiento protocolar ante el arribo de autoridades extranjeras a nuestro territorio; así, el Perú daría un mensaje internacional de lo poca importancia que merecen los desafíos de aquellos que intentarán perturbar el ambiente de la VIII Cumbre de las Américas sin lograrlo.





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