Walter Ríos Montalvo

Walter Ríos Montalvo

Columnista Invitado III

Acerca de Walter Ríos Montalvo:





Protección del derecho a la salud a través de impuestos

Gran debate vienen causando los Decretos Supremos N° 091-2018-EF, N° 092-2018-EF, N° 093-2018-EF, N° 094-2018-EF y N° 095-2018-EF publicados el pasado 9 de mayo en la edición extraordinaria de El Peruano, pues con este paquete de normas se incrementa el impuesto selectivo al consumo (ISC) a las bebidas azucaradas y alcohólicas, consumo de tabaco, adquisición de vehículos usados y compra de combustibles nocivos.

Como sabemos, el ISC grava determinados bienes en atención a que representan peligro o daño a específicos intereses de trascendencia social. Así, en el presente caso, lo que el Estado busca tutelar a través del ISC es el cuidado del medio ambiente y de la salud.

En esta oportunidad, quisiera detenerme en la imposición tributaria sobre las bebidas azucaradas.

Para ubicarnos, en el 2016 la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar realizada por el INEI, reveló que el 35.5 % de peruanos mayores de 15 años padecen de sobrepeso; asimismo, el 18.3 % de la población tenía problemas de obesidad. Para agravar las cosas, la tendencia a la obesidad y al sobrepeso también ha sido una constante en los niños: entre el 2007 y 2014, el sobrepeso en la juventud pasó de 12.9 % a 18.5 %; mientras que la tasa de obesidad también se incrementó de 4.9 % a 7.5 %. Este escenario, de acuerdo a los expertos en salud, se explicaría por el consumo excesivo de comida chatarra, bebidas azucaradas y en la falta de ejercicio.

Si hacemos un atento análisis, los decretos supremos aprobados por el Ejecutivo buscan reducir el perjuicio a la salud a través de una salida menos costosa: el incremento del ISC sobre las gaseosas demanda un menor costo de inversión a fin de prevenir y revertir daños a la salud.

No obstante, no siempre optar por la solución menos costosa es lo más adecuado: una verdadera reforma que redunde en un mejor bienestar en la salud pública, requiere no solo mecanismos que no demanden en el Estado un actuar; por el contrario, las políticas públicas en materia de salud preventiva deberían velar por incentivar la práctica del deporte, del ejercicio diario y de otras medidas que lleven a las personas a tener un ritmo de vida más saludable.

Vistas así las cosas, el reciente paquete de decretos supremos no es suficiente: el verdadero cuidado preventivo de la salud no solo se basa en el desincentivo del consumo de bienes dañinos, sino también en la promoción de actividades que erradiquen el sedentarismo del gran porcentaje de peruanos que no practica ningún deporte.

Será necesario, entonces, que a fin de una íntegra protección de la salud, el Estado complemente este paquete de medidas tributarias, pues si bien es cierto su finalidad contribuye mediatamente a reducir los índices de obesidad y sobrepeso, muy poco es lo que podremos obtener de aquí a largo plazo con la ausencia de ejercicio en la población.

Finalmente, y a pesar de la importante finalidad que busca el incremento del ISC a las bebidas azucaradas, quisiera mostrar mi desacuerdo ante quienes aprueban la medida tributaria por cuanto los consumidores lograrán internalizar externalidades negativas; dicho en otras palabras, que el Estado ahorrará los gastos invertidos en el tratamiento de enfermedades derivados con ocasión del consumo de aquellos productos. Debemos recordar que es la persona y el respeto hacia su dignidad el fin supremo de la sociedad y el Estado (art. 1° de la Constitución); esto es, y aunque parezca una obviedad (pero que es necesario resaltar), que el Gobierno no es un fin en sí mismo; por lo tanto, toda reforma de cualquier carácter debe siempre girar en torno a la persona, no del Estado ni de otros bienes jurídicos como la propiedad.





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