Willy Ramírez Chávarry

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Educación cívica

Muchos de nosotros debemos recordar a la Educación Cívica como un componente del currículo escolar, los más jóvenes ya no tuvieron la oportunidad de ocuparse de esa materia; hablar de educación cívica con los adolescentes y jóvenes muchas veces resulta improductivo por el poco o nulo interés en dicha temática. Sin embargo, nuestra sociedad reclama mayor conciencia cívica o cultura cívica por parte de sus ciudadanos. ¿Qué podríamos hacer para que la educación cívica vuelva a interesarles a los ciudadanos? El punto de partida debería ser tratar explícitamente la enseñanza del poder, y esto no puede ni debe excluir a ningún ciudadano. La educación cívica implica una participación activa con propuestas de solución a los problemas de nuestra comunidad; la cultura cívica es el arte de ser ciudadano, esto a su vez debe comprender una base de valores, el entendimiento de los sistemas que hacen que el mundo funcione y un conjunto de habilidades que nos lleven a la consecución de metas, así como lograr que los demás se unan a este propósito.

El poder, en una definición sencilla, es la capacidad de hacer que otros hagan lo que uno quiere que hagan; muchas veces se nos hace difícil hablar de poder y tan solo nos limitamos a decir que el poder reside en el pueblo, sin admitir mayor cuestionamiento; inclusive hemos llegado a atribuirle al poder un valor moral negativo, pero el poder es tal cual: ni bueno ni malo, y nos sirve para determinar cómo funciona cualquier tipo de gobierno, sea democrático o dictatorial. El gran problema radica en la ignorancia de la ciudadanía acerca del poder: qué es, quién lo controla, cómo funciona, cuáles son sus mecanismos, por qué sólo algunos lo ejercen, por qué se acumula; la consecuencia de esta ignorancia es que los pocos que entienden cómo funciona el poder civil, quienes entienden cómo una propuesta de convierte en ley, cómo un sesgo se convierte en política, este grupo de personas tiene una influencia enorme y se ocupan de llenar el vacío generado por la ignorancia de la gran mayoría, produciéndose una concentración de conocimiento, de entendimiento y de influencia.

La gran mayoría de los millennials  –o Generación Y– no quieren verse involucrados en política, más bien prefieren ignorarla, a cambio prefieren hacer voluntariado; los tecnócratas de hoy en día creen que la solución a este desequilibrio o abuso de poder se resuelve simplemente con más información, más transparencia; los de izquierda creen que el poder reside en solo en las corporaciones, los de derecha creen que el poder solo reside en el gobierno. El resultado de este fatalismo en la vida pública se refleja en los niveles extremadamente bajos de conocimiento y compromiso cívico, de participación, de concientización. La política ha caído en manos de profesionales, gente con dinero, con influencia, todos los demás somos aficionados o tontos útiles que hemos perdido la motivación de aprender más acerca del poder y su funcionamiento, hemos decidido ignorarlo.

Es el momento de retomar lo cívico como enseñanza sobre el poder, ahora más que nunca; si el pueblo no aprende acerca del poder, el pueblo no despertará, y si no despierta se queda fuera. En todas las universidades de nuestro país se debe implementar por lo menos una materia que se ocupe del estudio del poder cívico, tema que jamás debió haber quedado fuera de nuestro bagaje cultural; es el momento de ser nuestros propios educadores y estudiantes del poder, juntos podemos hacer que la educación cívica vuelva a ser atractiva, juntos podemos democratizar la democracia y formar a los nuevos cuadros para la conducción de nuestro Estado, ¡tenemos el poder de hacerlo!

Willy Ramírez Chávarry

Ph.D. in Business Administration, Doctor en Derecho

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