Willy Ramírez Chávarry

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Hacia un mejor nivel académico

Como manifesté en una columna anterior, en esta época del año varias son las universidades que buscan hacer una renovación de sus cuadros, tanto a nivel de docentes, como a nivel de los directivos y encargados que tendrán que tomar las decisiones más acertadas, e incluso del personal administrativo que siempre es pieza clave para el desarrollo eficaz y eficiente que debe acompañar una buena gestión que, a su vez, le permita a la institución educativa lograr sus objetivos. En este escenario resulta un dato curioso el hecho de que en el mundo académico peruano la búsqueda de profesores idóneos a veces parece una labor digna de titanes.

Como en todo trabajo, al que se recluta gente siempre se busca lo mejor de lo mejor y si bien hay una serie de requisitos mínimos que se les pide a los postulantes –sobre todo en el sector de la docencia universitaria– como tener experiencia en la plaza o curso al que se postula, contar con grado de doctor o magíster, título de licenciado y grado de bachiller, además los aspirantes a un puesto tan noble como la formación de otros seres humanos, deben ser conscientes de la necesidad de una capacitación constante, una trayectoria correcta, honorable e intachable que se vea reflejada en unos antecedentes penales, policiales y judiciales impecables. Si bien estos son ejemplos de lo mínimo indispensable con lo que deben contar aquellos que aspiran a ser los forjadores de los nuevos baluartes de la nación, sin embargo, hay que reconocer que en nuestro país no solo se necesitan esos requisitos indispensables sino que lo que se necesita y se carece por ahora es de personas que sean las mejores para el puesto al que aspiran.

La educación en nuestro país, y hay que decirlo claramente, es mala; ya sea por una falta de preparación de los docentes, ya sea por lo miserable que a veces suelen ser los sueldos en el sector,  ya sea por una falta de estrategias para capacitarse, sumado a una pésima infraestructura y carencia de tecnología; pero, y esto es alarmante, la educación también puede ser mala por una falta de vocación de aquellos que –dedicándose a una de las tareas más nobles y loables que puede haber– se dedican a “educar” solo porque vieron en la falta de cuadros académicos apropiados una oportunidad para conseguirse un puesto. En ese sentido, luchar por una educación de calidad y acorde a nuestras necesidades como país debería ser un esfuerzo en el que nos juntemos todos, considero que se debe hacer conciencia que el futuro de nuestra nación depende de lo que le inculquemos a las generaciones que en este momento se van formando; para ello debemos tener a profesionales que sepan no solo la materia que imparten sino, a la vez, que sepan canalizar lo que han aprendido hacia los estudiantes y sobre todo que sepan transmitir la pasión por aprender y perfeccionarse en el ámbito del saber.

Es maravilloso ser maestro, a pesar de que la carrera profesional de educación, en nuestro país, haya sido una de las más perjudicadas en los últimos tiempos, confío en que los cambios que se han venido dando a nivel de gestión gubernamental permitirán que se apoye a los futuros profesionales que formen a las personas.

¡Es tiempo ya de mejorar el nivel académico de nuestra nación!

Willy Ramírez Chávarry

Ph.D. in Business Administration, Doctor en Derecho

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