Willy Ramírez Chávarry

Acerca de Willy Ramírez Chávarry:



Trabajo digno

Hablar del trabajo es una cosa muy distinta a hablar del tema del empleo. Siempre he dicho que en el Perú hay mucho trabajo por hacer para sacar adelante a nuestra gran nación, y me ratifico en lo afirmado ya que son muchas las decisiones que hay que tomar al respecto, así como es muy amplia la gama de posibilidades en torno a las acciones que hay que llevar a cabo de manera correcta. Lo contrario ocurre con lo relacionado al empleo, los tipos de empleo y lo que se tiene que hacer en un país como el nuestro –donde impera el compadrazgo– para obtener o mantener un empleo remunerado. ¿A cuántas aberraciones se tiene que llegar para contar con un puesto de trabajo? ¿Cuántos maltratos deben soportar aquellos que tratan de llevar dignamente el sustento a su hogar? ¿Qué injurias hay que escuchar diariamente a lo largo de la jornada laboral –incluidas horas extra– en una realidad como la de nuestra sociedad donde se ha vuelto costumbre que primero se debe “pagar derecho de piso” si es que queremos alcanzar nuestros sueños?

Y es que en nuestro país, lamentablemente, aquellos que pueden contar con un empleo se ven forzados a atravesar condiciones que son comparables con novelas quijotescas; recordemos sino a aquella congresista que se hizo “famosa” por tener una colaboradora que afirmaba haber sido obligada a lavarle los pies a su empleadora. Casos como el mencionado nos hacen pensar que en el Perú o uno tiene “padrino” o tiene que rogar o incluso llegar a extremos deplorablemente aceptados como sobornar a alguien para que le den un trabajo remunerado. Y todo porque la estabilidad laboral (así como una serie de derechos para los trabajadores) fue “abolida” en nuestras tierras hace mucho tiempo, volviendo a condiciones de servilismo que lindan con la esclavitud.

Es así que podemos afirmar que se ha perdido el horizonte correcto acerca de lo que debe ser el desarrollo digno del ser humano a través del trabajo. El trabajo, dicho en pocas palabras, no debería depender de la sobonería ni de la zalamería sino, por el contrario, ser valorado en base a nuestras aptitudes para poder desarrollar lo que se nos encomiende con eficacia y eficiencia. De igual modo para realizar las funciones o encargos que se nos solicite en el empleo que hayamos obtenido dependerá de nuestras actitudes para no verlo como una molestia, un tormento o un gran suplicio cargado de infelicidad. Recordemos que el trabajo dignifica al ser humano y le permite saber que cumple un rol dentro de la sociedad de la que forma parte.

Pero en el Perú, lamentablemente, algunos todavía no saben lo que es tener dignidad y, por lo tanto, tampoco pueden reconocer ese valor en los demás; motivo por demás suficiente para que sean abusivos, déspotas y prepotentes con sus colaboradores, con aquellos que día a día y mediante su trabajo –ya sea este físico o intelectual– ayudan a que los primeros aumenten sus riquezas.

Por ello, es tiempo ya de hacer algo al respecto y exigir que cambien las condiciones laborales en nuestro país, por lo pronto no hagamos oídos sordos al viejo refrán que nos recuerda:

“No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.”

Willy Ramírez Chávarry, Ph.D.

Doctor en Derecho, profesor universitario.

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