Es miércoles por la mañana antes del desayuno después del Enalapril antes de escoba y plantas, más escoba, Gretta y Domennickoh, mis gatos. Una vuelta y leo que, por ley, al cumplir 70 WA queda fuera de los laborables, por tanto de la dirección del museo Las Tumbas Reales de Sipán. Me suena pesado. Hasta llegar al Museo, Walter Alva hizo su camino en terreno en que creyó donde construyó creció salvó dio compartió. El testimonio con los resultados obtenidos está al alcance del ojo y entorno y es camino abierto a los que seguirán viniendo.

Y ahí legal. Toca. Aun así, esperamos sea momentáneo el pare. Walter es necesario, puede lo hará lo ha hecho dará la mano a quien viene y con lo que trae y él tiene tendrán que hilar para mañana en lo que es suyo su tierra que es nuestra.

Pensando en recuerdos… una tarde casi al muere en la huaca La Lucía, Batán Grande, Lambayeque. Terminando recojo de superficie Walter Alva, Izumi Shimada, miembros del equipo pluridisciplinario de la Universidad de Princeton, el equipo Lambayeque, yo como Lundero, suplemento mensual del diario La Industria, Chiclayo; y Caretas. Una buena tarde para ver el trabajo de este gran equipo; buena para conocer de quien dirige y conoce lo que está haciendo, y ese logrado quehacer no lo lleva a creer ser, pudiendo serlo, el genio de la partida. Si, a saber es quien conduce, informa, opina y no hay más aparato y orden que el tácito y que bien funciona.

Más cerca al muere el sol regala oro, oro rojo y un morado de concha. Arriba de la huaca el viento pasa con ese frescor agradable y el escenario está completo. Al toque imaginé a esos dioses hombres, gobernantes con obra hecha, vestidos de oro y turquesas, cuarzos, apareciendo en el instante preciso para recibir el rayo de luz, brillar como un dios, hablar como hombre y ser obedecido; y les funcionó. Hubiera pedido terraplén con terraza y habitación suficiente para permanencia en temporada de fiestas.

Y ahora sigo pensando… las veces que en Lambayeque almorcé con Walter, su esposa Susana, Ignacio, el hijo pequeño que ahora es grande y tiene excelente obra en su casa su jardín su fotografía y pintura, obra que es cordial, real, al compartir compartiendo su mirada peruana que es universal. Siempre, bueno.

Vienen por el recodo las fotos que hice de la colección de Enrico Poli para unas fichas del INC y sin darme crédito terminaron en el catálogo de El Oro y su mito, muestra en París en el Petit Palais. Tuve en la mano el collar de maníes, el coxal, el cetro y otros deslumbres hacía poco llegados del norte con los tesoros de Sipán que enriquecieron la gran colección Poli. Salvo dos rollos en color, las fotos las hice en blanco y negro. El revelado y copiado en velocidades límites lo hizo el señor Lupú. Con gusto fotografié todo lo que pude de la gran colección de la que con Mariana Sánchez Aizcorbe, de modelo, hicimos una crónica de moda con antiguas joyas peruanas y bolivianas en plata.

Hoy un hallazgo, una perfecta nota de vestir urbano, con lo que tengo, sin estilismo ni grooming, sabiendo en seguidilla Vuiton, Nike, Pipeline, Jordan. Todo de Luis Asmat Castro, vecino de La Perla, trabajador desde la mismísima niñez vendiendo caramelos, ahora como malabarista, bajo la luz roja del semáforo. Viéndolo tengo una idea. Con los trabajos y beneficios de la obra de Walter. Vestir con ideas temas de color sugerencias que recuerden a Sipán y similares.

Luis, cuántos como él, en su trabajo cotidiano podrían ser difusores de la tendencia mirada nacional con respuestas regionales. Una recuperación en uso, difusión de nuestra herencia y los compromisos de trabajo en todos los renglones de producción imagen distribución. Manos a la obra.

Esta idea que tiene similares en mercado es un saludo a Walter Alva y un aplauso a su trabajo.

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