Hoy se habla mucho de racismo. Y el último lunes, en reunión de la Comisión Permanente –con la ausencia de la congresista Martha Chávez porque tenía que presidir la Comisión de Inteligencia– se dieron cuenta de la suerte de diversas acusaciones constitucionales. Ante la presidencia de Manuel Merino de Acción Popular, llegó el turno del dictamen sobre Moisés Mamani sobre “tocamientos indebidos”, el mismo que quedó desechado por sustracción de materia: Mamani había muerto hace unas semanas de Covid-19 en Lima.

Cuando Mamani murió, las redes sociales explotaron con epítetos racistas contra el infortunado finadito. Y en la sesión de la Comisión Permanente, el cadáver de Mamani… ¡ay, siguió muriendo! La congresista de Frepap María Retamozo Lezama pidió la palabra, que le fue otorgada por Merino de la Lama. Acaso por no haberse cumplido la profecía de la resurrección de su líder, a través del zoom la congresista invocó la resurrección de Mamani con un pedido de justicia para la “víctima”, y de la cual quede constancia en actas. De inmediato pidió una interrupción el congresista Luis Roel Alva de Acción Popular, presidente de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales, para aclarar que esa denuncia venía dictaminada del Congreso anterior y que él no tenía nada que ver con su calificación (como si le cupiera alguna responsabilidad moral en la muerte de Mamani), y que, por último, se aunaba al pedido de la congresista del Frepap para que la “víctima” obtuviera justicia.

Dicho esto, el presidente Merino de la Lama –como no podía ser de otra manera– votó la sustracción de la materia y ordenó que quede en actas lo dicho por Retamozo y Roel Alva. Así, la memoria de Moisés Mamani quedó manchada con un juicio político post mortem como “victimario”, pues de no haber muerto por la peste el objeto de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales era INVESTIGARLO bajo la presunción de inocencia, y el de la Comisión Permanente levantarle el fuero para que lo investigue la fiscalía y, de ser el caso, lo juzgue el Poder Judicial en un DEBIDO PROCESO.

Pero nada de lo anterior se respetó para el pobre “serrano” Moisés Mamani. Para los desmemoriados, Mamani sufrió una campaña baja y artera de cierta prensa que hizo eco de una denuncia de una aeromoza que dijo que Mamani le había cogido el trasero en el avión. Fue el escándalo de “la mano zas” el que hizo puré de aquel cholo que había derrumbado el régimen corrupto de PPK y desenmascarado la compra de votos en el Congreso.

Claro: todos los blanquitos y no tan claritos de San Isidro y balnearios nunca le perdonaron al puneño que el “gobierno de lujo” y su gentita pasaran a mejor vida. Mamani siempre sostuvo que como sufría de diabetes se descompensó, tropezó y fue a parar sobre la aeromoza. Nadie QUISO creerle hasta hoy, cuando sabemos que probablemente esa misma descompensación diabética le produjo un desmayo en su domicilio, que se complicó con la falta de oxígeno por el Covid, lo que lo llevó a una muerte solitaria y terrible.

No estaba, pues, muy alejada la versión de Mamani de los hechos sucedidos en el avión con la aeromoza, pero sea como fuere, aquí no puede haber “víctima” alguna sin investigación ni presunción de inocencia: la que Mamani se llevó a la tumba, con varias lampadas de racismo encima.