Por Cristina Luna

La falta de claridad sobre lo que pasará luego de las elecciones es tan escalofriante como los argumentos que se esgrimen en las propuestas electorales. Los candidatos presidenciales proponen cambiar radicalmente el modelo o mantenerlo, pero ninguno nos da propuestas concretas sobre situaciones que ya están aquí. Por ejemplo, en la minería vivimos la disminución del canon y la menor inversión en exploración minera.
No estamos hablando de poca cosa, ni de largo plazo. Por ejemplo, en oro desde Yanacocha no contamos con un proyecto minero de dicha magnitud. Sin ellos, las economías regionales comenzarán a desacelerarse dramáticamente, dado que se suelen nutrir de la actividad minera.
La recesión mundial y la incertidumbre política local, más las complejidades que nos trae la COVID-19, afectan a esta actividad que en los años de vacas gordas (2011-2020) dio a los gobiernos regionales y locales más de S/. 40 mil millones por concepto de canon y regalías. Cabe señalar que la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE) informó que el 22% de los presupuestos de dichos gobiernos fue financiado con dichas transferencias.
En ese contexto, cuando el mundo mira cómo hacer los mejores negocios en un panorama de crisis internacional, nosotros divagamos si vamos a mantener las empresas en manos de privados o volverá al estado, pensando que el dinero tiene paciencia y ganas de negociar. Hoy que todos buscan atraerlo, nosotros, un país minero por excelencia, decidimos mostrarnos complejos.
¿La solución es mantener todo como hasta ahora? No. La SNMPE indica que se debe perfeccionar el funcionamiento del canon, con el propósito de asegurar que estos recursos contribuyan a cerrar las brechas sociales y de infraestructura que el país arrastra por décadas. El dinero del canon debió ser destinado a tener los mejores hospitales de la región latina o los colegios de excelencia que hagan migrar a los limeños para acceder a ellos. Esto no se dio.
Ante dicha realidad, es claro que la tentación de quemar la pradera y hacer todo de nuevo es grande, pero ¿es posible? No lo es. Hoy necesitamos dinero para pagar al personal médico, las vacunas (en un mundo en el cual las grandes naciones se arranchan las dosis) y mejorar la calidad educativa para que los niños no pierdan más años escolares.
Nuestra minería es de excelencia, con un desarrollo similar a la chilena, competitiva como la canadiense y espectacularmente productiva como cualquiera en el mundo. ¿Cómo cambiar, entonces, radicalmente el modelo?
Lo bueno hay que perfeccionarlo. Impactar de manera positiva y directamente sobre la población cercana, combatir la pobreza y sobre todo traer desarrollo, es urgente. Todo esto pasa por tener un Estado más eficiente y no por la empresa minera. Ya no hay espacio para errores y el saqueo fiscal, estamos en tiempo de las vacas flacas. Es por ello, que es momento de comenzar a analizar qué viene después del 28 de julio. Urge hacerlo.

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