No me gustan los gobernantes imperturbables cuando la situación convulsiona a su alrededor. Francisco Sagasti está disfrutando cada minuto de su presidencia, sin importar que la calle vociferante lo haya llevado al poder y que sus amigos mediáticos, en la más indigna incoherencia, insistan que la vacancia de Vizcarra fue un golpe de Estado pero que él goza de absoluta legalidad y legitimidad. En la entrevista del pasado domingo encandiló con sus respuestas, perfectamente estudiadas y con lenguaje suave y poético; todo para generar empatía con sus entrevistadoras y diluir cualquier animadversión, hasta para tratar la “supuesta” reorganización de la PNP.

Según el presidente, los únicos descontentos con el pase al retiro de estos 18 generales son los propios afectados, que están moviendo las aguas en desmedro de la institución. Sagasti lo justifica indicando que la mayoría de los oficiales que han pasado al retiro han estado involucrados en los supuestos excesos cometidos en las manifestaciones o en los presuntos actos de corrupción en la compra de insumos de la pandemia. Valga recordar que en el mes de mayo fueron separados 48 oficiales de la PNP y que ya existían 10 investigaciones en curso, por estas imperdonables corruptelas. Hubo muchísima inmoralidad en otras dependencias públicas pero la toma de la PNP era estratégica, impecable complemento para una Fiscalía de borrosa independencia.

El timing era “políticamente” perfecto, pero socialmente desastroso, en un país donde la polarización y la inseguridad campean; sin embargo, NO les importó. Sabían que luego de muchos días de satanización de la PNP y de constante envenenamiento de la ciudadanía, muy pocos sacarían la cara por ellos. La antesala perfecta para la vendetta. Es más, la calle quería represalias, que se cortasen cabezas, inocentes o culpables. El odio puede llegar a ser la droga más adictiva, cuando hay astutos operadores que saben administrarla convenientemente y elegir a su víctima. Se encuentra tan golpeada la PNP, que según una encuesta nacional de CPI publicada el último lunes, el 60% está de acuerdo con la derogación de la Ley de Protección Policial, defendida en su oportunidad por el ex ministro del Interior Carlos Morán, para respaldar a los efectivos policiales en su lucha contra la delincuencia.

Han quedado tan debilitados después de esta campaña de aniquilamiento que el paro agrario estuvo completamente descontrolado. Se destruyeron campos de cultivo, instalaciones dedicadas a la agroexportación, se saquearon garitas y se bloqueó la Panamericana Sur. Violenta protesta que los noticieros apenas informaron y que los policías observaron a la distancia. Los ciudadanos en total estado de indefensión, ausencia absoluta del Estado. Inmenso costo para limpiar todo atisbo vizcarrista de la PNP. Señor Sagasti, por lo menos concluya las investigaciones y acredite la responsabilidad de los generales afectados, respete la legalidad y la presunción de inocencia, especialmente ahora que se les ha cerrado el Poder Judicial.

Y poco a poco este nuevo gobierno que no ha traído la luz, seguirá copando las instituciones, apoyado por una ciudadanía que pareciera guiada por el flautista de Hamelin, ese que entona la melodía que todos quieren escuchar, aunque los lleve al borde del precipicio.