Me niego a aceptar que el Perú pudiera seguirse hundiendo, siento que ya hemos tocado fondo. La democracia puede ser realmente perversa cuando se trata de un electorado que vive ajeno a la realidad y que, a pesar de su renuncia a saber y pensar, opina con escasísima información, exagera y genera noticias falsas a través de las redes dentro de su círculo endogámico que jamás los desafiará. Esos electores que permitirían que un populista que vende humo como Lescano o un hombre profundamente ignorante, pero con generosos padrinos como Forsyth llegue al poder. Ese electorado que como bien dice Rodolfo Arellano le pone más esfuerzo y tiempo a elegir un celular que un presidente.

En el Perú existe el voto mal informado, promovido por los mercenarios del cartel mediático que se rasgan las vestiduras sobre su objetividad, veracidad y profesionalismo cuando siempre venden su línea editorial al mejor postor. La agresiva campaña contra Renovación Popular es una clara muestra que solo defienden sus bolsillos e intereses. Los que creíamos que con la salida de Vizcarra, uno de los gobernantes más cínicos y mentirosos de la historia, podríamos garantizar elecciones transparentes, nos equivocamos. La semana pasada hizo una pequeña demostración de fuerza evitando la prisión preventiva a pesar de los escandalosos delitos en su contra y sigue en carrera electoral digitando al candidato de su preferencia, que no necesariamente es Salaverry.

Es absolutamente irresponsable bloquear carreteras e imponer medidas de fuerza durante una pandemia que le está costando miles de vidas al país, pero ello ni por asomo inquieta a la izquierda y a los agitadores. El jueves último, el MEF y el Minem calificaban de inaceptables las demandas de los transportistas, pero al día siguiente mágicamente se llegó a una conciliación, ya anticipada por el presidente quien había declarado: “Hoy debe resolverse de una forma u otra”; vale decir, cedemos o cedemos. Clarísima la situación de debilidad. Negociar es desgastante, más aún con la presión de una ciudadanía angustiada por la subida del precio de los alimentos o la desesperación de ver varadas cisternas de oxígeno cuando la gente se está muriendo por su alarmante escasez. No me consta que la participación de Hernando de Soto –por quien guardo un gran respeto y aprecio– haya sido determinante, pero me queda clarísimo que el gran perdedor es el Perú; no solo por la menor recaudación, sino que una vez más se evidencia su absoluta debilidad institucional y la incapacidad de dar soluciones inteligentes a los problemas. No pido a una Thatcher doblegando la histórica huelga de mineros de 1984 – 1985 pero ¿agachar la cabeza de esa manera? Se le debe transparencia y explicaciones al país.

Además, tenemos un Minam con gente poco preparada, que se precia de poner una y mil trabas a las industrias extractivas pero se queda calladito cuando se trata de la devolución del ISC a combustibles contaminantes como el diésel, que ya alcanzaba el 53%. Así de hipócrita es todo el sistema.

Hay algo clarísimo, el Perú nunca podrá recuperarse si el ganador es incapaz de lograr apoyo político, arremangarse de verdad y trabajar por el país. ¡Necesitaríamos un Súper Mario! Draghi, no Vargas Llosa.