“Yo no sabía gobernar”

“Yo no sabía gobernar”

Es tan irresponsable, sinvergüenza y temerario Pedro Castillo que, siendo consciente –si a ello puede llamársele así- de su minúsculo cerebro o cuando menos de su ínfimo cociente intelectual, tomó la decisión de postular a la presidencia de la República para recién entonces si ganaba la elección con un camarada comunista al frente del Jurado electoral, tratar de comenzar a descifrar el abecedario de lo significa gobernar un país con 32 millones de habitantes. Es decir, el desprecio de este individuo por lo que tanto le fascina llamar “el pueblo” es verdaderamente imperdonable. Castillo, amable lector, es un sujeto que lleva el título de profesor sabe Dios por qué. Lo más probable es que Castillo lo obtuvo chantajeando a esas siempre descalificadas autoridades educativas que tiene este país, a través de ejercer sus arrebatos violentistas demostrados cuando desempeñara las funciones de dirigente magisterial, arropado por la facción senderista del sindicato único del ramo fundado por el golpista procubano Juan Velasco Alvarado. Porque está comprobado que Castillo no sólo no sabe leer, sino que tampoco entiende lo que lee. Y a la edad que tiene el hoy nada menos que presidente del Perú, amable lector, si se propusiese aprender a leer sería como exprimir una piedra. Y de ahí hasta aprender a gobernar, pues sería más fácil que se gradúe de doctor en ciberseguridad solar cuántica.

Entre tanto, a Castillo le importará un caracol que el sufrido “pueblo”, al cual invoca a cada minuto, acabe diezmado por la crisis que devengará el desgobierno que, en apenas seis meses, ha sido capaz de instalar el sujeto del inmenso sombrero. Porque, como les ocurre a los neófitos, incapaces, mediocres, etc., que alcanzan poder, debajo suyo sólo colocan a analfabetos profesionales para evitar la mínima sombra a su alrededor. Bajo esta premisa, Castillo viene completando un organigrama de asnos especializados exclusivamente en robar y en destruir todo lo que esté a su alcance. El futuro del Perú, de permanecer en la presidencia un peligro como Pedro Castillo, no lo veremos ni siquiera en Cuba o Venezuela; sino en naciones devastadas precisamente por caciques iletrados como el que tenemos: Burundi, Lesoto, Somalia, Togo, Yibuti; o más cercanos, como Haití. Ese es el precio que pagan los pueblos que eligen a gente incapacitada para gobernar, como decidiera parte de nuestra ciudadanía ayudada por un Jurado electoral pro marxista que se opuso a convalidar el padrón electoral con las actas oficiales de votación.

Reprobamos con toda razón la desfachatez de un gobernante que, vía una supuesta entrevista pactada sabe Dios bajo qué términos; e incluso llevada a cabo entre cuatro paredes de palacio de gobierno por un gacetillero que ni ha divulgado el video que registra la grabación de aquella interviú, afirme muy suelto de huesos “yo no sabía gobernar”. ¡No, señor Castillo, no es que usted “no sabía gobernar”; simplemente usted “no sabe gobernar!” ¡Será pues un sujeto atorrante y malhechor si insiste en aprender a hacerlo, a costa de afectar la vida y hacienda de 32 millones de ciudadanos!

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