Queridos hermanos:
Estamos ante el cuarto Domingo de Pascua donde vemos a Jesucristo como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, por el hombre. Cristo es hoy nuestro Buen Pastor. Hoy, más que nunca, debemos de tener auténticos, sinceros y verdaderos pastores; que sean testimonio de la verdad y nos la muestren. El Buen Pastor da su vida por sus ovejas, no ama el dinero, que es el dios de hoy. Primero es Dios que es el futuro y la eternidad del hombre, que se puede vivir en la tierra. Por eso dice la oración de la misa que la Iglesia el débil rebaño de Jesús.
La primera Palabra, tomada de los Hechos de los apóstoles, nos dice que Pedro, lleno del Espíritu Santo, llamó al pueblo y les dijo: “Escuchadme”. Pedro nos llama a escuchar y, para eso, hace un milagro, para abrir nuestros oídos al anuncio del Kerigma. Luego añade: “Ha sido en nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis… Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar”. En nombre de Jesucristo nos podemos salvar, es su poder quien puede hacernos santos, ser auténticos. Por eso, invoquemos su nombre, su poder, para que experimentemos a Jesús sobre las debilidades y potestades de nuestro hombre viejo que nos dominan.
Por eso respondemos con el Salmo 117: “La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en piedra angular.” “Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres”, porque Dios escucha, el hombre no lo hace. “Bendito sea el nombre del Señor”.
La segunda Palabra que es del apóstol san Juan comienza diciendo: “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡los somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció”. El mundo necesita nacer de Dios, es decir, tener la naturaleza de Dios y solamente se tiene esta naturaleza escuchando la predicación del Kerigma y poniéndolo en práctica. Por eso, qué amor tan grande ha tenido el Padre con nosotros que nos ha dado a su Hijo, su naturaleza para que podamos ser hijos de Dios. Por eso, seremos semejantes a Él, porque Él es el Buen Pastor. Hoy el Perú necesita buenos pastores que guíen al hombre a la eternidad.
El Evangelio de San Juan representa a Jesús como el Buen Pastor que da la vida por las ovejas. Sin embargo, el asalariado, es decir, el que vive del dinero, no es pastor ni dueño de las ovejas. Y cuando ve venir al lobo abandona las ovejas y huye. El lobo hace estragos y las dispersa; y es que a un asalariado no le importa las ovejas. Por eso, nos muestra Jesús: “Yo doy la vida voluntariamente por las ovejas”. Ha dado la vida por nosotros para que sigamos y podamos ser Cristo en la tierra, el cuerpo visible de Jesucristo resucitado, dentro de nuestras debilidades. Este es el mandato que ha recibido del Padre.
Pues bien hermanos, esto es el mandato que Dios nos da: trasmitir al hombre de hoy la Buena Noticia, anunciarle el Evangelio para que pueda ser hijo de Dios, pueda nacer de lo alto, podamos dejar nuestro hombre viejo y testificar al hombre de hoy el amor de Dios, la eternidad y la felicidad, que es lo que todos buscamos. ¡Ánimo, hermanos! En medio de la pandemia, Dios sigue hablando porque te sigue amando a ti y a mí. Que Dios te conceda vivir un feliz día de Jesucristo como Buen Pastor y tu familia pueda experimentar a este Buen Pastor que ha dado la vida por ti y por mí.
+ Con mi bendición episcopal.
Recen por mí.
Mons. José Luis del Palacio
Obispo E. del Callao

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