Queridos hermanos:

Estamos ante el Domingo quinto de Pascua. La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta a los discípulos en una actitud de desconfianza frente a Pablo, “no se fiaban de que fuera realmente discípulo”. Esto es muy importante. ¿Cómo alguien que ha sido un perseguidor de cristianos puede haberse convertido? ¿Tú y yo podemos convertirnos, que estamos indiferentes? Dios hace posible todo. Pablo se convierte y se pone al servicio del Evangelio, como hemos visto. Él tiene la misión de anunciar el Evangelio a los alejados, a los paganos. Y por eso la palabra termina diciendo: que la iglesia gozaba de paz en Galilea y Samaría, animados por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la fuerza que tenemos los cristiano para anunciar el Evangelio.

Por eso respondemos con el Salmo 21: “los desvalidos comerán hasta saciarse”. Los alejados comerán y se saciaran, porque es Dios el que sacia al hombre.

La segunda lectura es de la Primera Carta de San Juan: “no amemos de palabra, ni de boca, sino con obras, según la verdad”, Dios es mayor que nuestra conciencia, por eso Dios nos está ofreciendo a todos gratuitamente el perdón de nuestros pecados y volver a nacer, porque San Juan nos invita a creer en el nombre de Jesucristo, amando unos a otros, esto es una gracia, un don que Dios nos da, porque nos es imposible amar, es una gracia que Dios nos da.

Por eso respondemos con el aleluya “permaneced en mí, como yo en vosotros, el que permanece en mí da mucho fruto en abundancia, “Por eso hermanos Dios se revela, se manifiesta a los pecadores como nosotros.

El Evangelio de San Juan que es la tercera lectura dice: “«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí”. El Señor no invita a permanecer en Él, y ¿Qué significa permanecer en Él?, significa contarle nuestra historia, nuestros pecados, nuestras debilidades, porque San Juan dice: “Yo soy la vid, y sin mí no podéis hacer nada”, sin Él no podemos amar, este es el milagro que nos da gratuitamente la iglesia, nos da el poder amar gratis, al otro como es. En esta pandemia nos estamos dando cuenta la imposibilidad que tenemos todos de amar, es decir, de aceptar al otro como es, en sus debilidades. Por eso termina el Evangelio diciendo: “si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queréis y se realizará”, pidamos al Señor lo imposible, que es poder al otro como es, sin cambiar y sin estrategia, y Él nos dará la vida eterna.

El Señor quiere en este tiempo Pascual que seamos fieles, y ¿cómo se realizará esto?, si confesamos públicamente nuestros pecados, nuestra debilidades ante el otro, y Él, el Señor quiere darnos lo más grande, el Espíritu Santo para poder amar al otro como es, sin cambiarlo. Y esta es la gracia que hemos recibido del Señor. Por eso ánimo hermanos, que Dios nos ama en medio de nuestros pecados y de nuestras debilidades, recemos unos por otros, para que el Señor nos encuentre unidos a Él, porque con Él daremos frutos, los frutos de la vida eterna.

Y que la bendición del Señor este con todos vosotros, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esta bendición, es que Dios este en vuestro corazón, es decir que Él nos da gratis lo que le estamos pidiendo, que es la vida eterna. Ánimo porque Él esta resucitado y tiene poder.

Rezad por mí, que lo necesito.

+Que Dios les bendiga.

Obispo E. del Callao