Zoraida Ávalos denunciada constitucionalmente

Zoraida Ávalos denunciada constitucionalmente

¡Parió Paula! Luego de insistir majadera, consistentemente con el Legislativo, al punto de abusar de la paciencia de nuestros lectores, ayer la subcomisión de Acusaciones Constitucionales del Congreso declaró procedente interponer denuncia constitucional contra Zoraida Ávalos. Una funcionaria partidarizada y cuestionada que, desde hace 2 años y medio, funge ilegítima, temerariamente como mandamás del Ministerio Público. Durante su cuestionadísima gestión, Ávalos ha hecho trizas de la majestad que algún día tuvo aquella institución, cuyo primer titular fue don Gonzalo Ortiz de Zevallos, el ilustre, honorable ex Fiscal de la Nación que diera forma al naciente organismo tutelar.

Zoraida Ávalos es más que una vergüenza para la Fiscalía. Es una gigantesca mácula que tomará demasiado tiempo limpiar para que la peruanidad recobre moralmente ese esplendor y solemnidad que algún día tuvo. Y de esa forma, la ciudadanía recupere la confianza en el imperio de las leyes, en este país donde los fundamentos de la Justicia han sido carcomidos por gobernantes miserables como el tal Vizcarra. Y canibalizados por personajes comunistas, pro senderistas, energúmenos e iletrados, como son estos atrabiliarios que lidera el partido marxista Perú Libre. Una agrupación totalitaria que ha llevado a la presidencia a un sujeto sin el menor conocimiento del manejo estatal, y sin el mínimo escrúpulo para administrar el patrimonio de 32 millones de peruanos. Aunque eso sí, rodeado de vicios, medianías y de odios. Su nombre: Pedro Castillo Terrones. Y es la antítesis del estadista, contrapuesto a aquella indispensable ecuanimidad para gobernar naciones tradicionalmente democráticas y emprendedoras, como la nuestra.

Zoraida Ávalos está acostumbrada a movilizarse entre los pantanos de la suciedad, tal cual ocurriese en los funestos tiempos del fujimontesinismo. Privilegia al delincuente y persigue al inocente. Se pone del lado del poder político de turno, y hostiliza a quienes discrepan del absolutismo. Actúa cual engranaje fundamental del sicariato organizado por la progresía caviar, financiada por grandes capitales de multimillonarios mundiales que, mediante sendas ONG, se encaminan a dominar a países tercermundistas como el nuestro, imponiéndoles dogmas y consignas prefabricadas por esa zurda europeísta que persevera en exhibirse como ejemplo para gobernar el planeta.

Zoraida Ávalos es un títere del “poder oculto” cobijado tras aquel enjambre llamado las ONG. Un submundo tanto o más corrompido e influyente que el de la mafia, aún en sus momentos cumbre de dominio delincuencial en las ciudades. Porque, a diferencia de la camorra siciliana, las ONG manejan países y subcontinentes. Como el nuestro, adonde colocan a los suyos cuales jerarcas intocables instalados en círculos de poder infranqueables, como esa justicia trasnacional que dirige una todopoderosísima Corte Interamericana de Derechos Humanos que, a fin de cuentas, reina entre las cortes de justicia instaladas, apenas nominalmente, en cada nación latinoamericana. ¡Porque la última palabra siempre provendrá de Costa Rica!

Pero todo lo que sube, baja. Y Zoraida Ávalos pareciera haber emprendido el penoso camino a la desgracia, tras la decisión de la comisión congresal de interponerle una acusación constitucional por grave trasgresión a sus obligaciones funcionales.

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