El 22 de febrero de 2021 Zoraida Ávalos, en su condición de fiscal de la Nación, aperturó una investigación contra Elvia Barrios, actual presidenta del Poder Judicial, por la presunta comisión del delito de tráfico de influencias y lo hizo porque no tenía ningún impedimento. Ella pudo hacer la apertura y también podía investigarla, pero como había que hacerla presidenta de la Corte, se tenía que esconder la denuncia, de haberse sabido, jamás hubiera accedido al cargo. Recordamos que Duberlí Rodríguez por un hecho menor, tuvo que dejar el cargo de presidente de la Corte. ¿Qué corona tiene Elvia si tiene esta grave imputación? Debió ser investigada y destituida, pero no fue así. Gracias a la omisión encubridora de Zoraida Ávalos, pues después de iniciar la investigación debió continuar, empero no lo hizo bajo el cuento de una amistad, que usó como causal de inhibición, que no está prevista por ley.
Además, Zoraida Ávalos tiene la costumbre de no apartarse, pese a pedidos formales y en hechos escandalosos, así fue en el caso de la investigación a su amigo Martín Vizcarra. Así de contradictorio es su proceder. Evidentemente se usó el pretexto de la amistad por un favor mayor, encarpetó la denuncia de Barrios, para hacer que acceda al cargo de presidenta de la Corte y para mantenerla en el mismo. Ávalos tenía el pleno conocimiento que al llegar a las manos de Rodríguez Monteza, este por ser sindicado como un cuello blanco, no lo podía conocer, usaron un camino de inhibiciones y perdieron meses sin investigar. Así pasó durante el fraude electoral que se consumó, con la vergonzosa actuación de un Poder Judicial dinámico y un Ministerio Público convertido en arma de persecución política.

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