Castillo es el salado, ¡Fuera, Castillo, fuera!

Claro que el gobierno de Pedro Castillo y su combo –Aníbal Torres, Alejandro Salas, Roberto Sánchez y otros- calcularon que llegando al Mundial de Qatar 2022 tendrían al Perú en estado zombi o anestesiado hasta fin de año. Tiempo suficiente para hacer irreversible su proyecto autoritario copando todas las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

El tiro le salió por la culata. Para el peruano de a pie, Castillo es el salado de la jornada de ayer. De ahora en adelante le perseguirá la sombra de la expresidenta carioca Dilma Rousseff, quien cayó en Brasil por la corrupción y la derrota de su seleccionado en el mundial de fútbol que organizó su gobierno de izquierdas en 2014.

CON ADVÍNCULA

Parte el alma leer a Luis Advíncula renunciar a la selección y cargar todo el sentimiento de culpa en su persona. No, amigo. El tuyo es solo un error que cualquiera lo puede cometer. Más allá del malestar que nos crea la derrota ajustada ante Australia, hay que agradecer a gente como Advíncula y todos los muchachos, y, claro, al profesor Ricardo Gareca, por habernos dado siete años de alegrías e ilusiones. El mundo no se acaba en un partido de fútbol. Hay que seguir adelante. Todos tienen nuestro apoyo. No hay que alimentar la psicología de la frustración.

EL RECONOCIMIENTO

Ahora entendemos que el fútbol no es una mera forma de escapismo o de refugio de almas extraviadas que participan en el entorno del único deporte en que los miles y millones de peruanos, como de otros países, pueden realizarse y sentirse reconocidos en triunfos -no precisamente políticos ni ideológicos- que ellos comparten con pasión y en forma transversal en todo nuestro tejido social. Ellos no se sienten en comunión ni en la política ni en la economía, menos en la cultura.

EL FÚTBOL COMO REFUGIO

Algunos poderes fácticos y políticos, sobre todo estos últimos, principalmente los presidentes corruptos, como el mismo Pedro Castillo (que jamás tendrán el alma noble y de renuncia de Advíncula), son los culpables que esa gran masa del pueblo se haya refugiado en ese único espacio cierto para ellos, en esa única orilla sólida y unida que es el fútbol y que encarna nuestra selección nacional donde están todas las sangres y todas las razas.

¿EL OPIO DEL PUEBLO?

Decir, con Francesc Trillas, que “el fútbol se ha convertido en el último refugio del hombre blanco”, es un abuso del lenguaje. No por lo menos en el Perú. Decir que el fútbol es el nuevo opio del pueblo, como antes habría sido la religión, es otro lugar común que hace poco repetían -y de seguro lo siguen haciendo- los profesores ligados al Movadef – Sendero Luminoso. Otros recuerdan que así como en la era de Roma imperial el pueblo era engañado con “pan y circo” de los gladiadores romanos, o que los españoles eran timados con pan y toros, ahora seríamos alienados con pan y fútbol. No es tan simple.

FERIADO BURDO

Sin embargo, el fútbol -precisamente por ser un deporte de multitudes- es el lugar perfecto para su manoseo por el poder. Eso es lo que sucedió cuando los estrategos del gobierno de Perú Libre de la dupla Castillo – Vladimir Cerrón apostaron con todo por el triunfo de la selección de Qatar contra Australia, y hasta decretaron un feriado burdo, festejando por adelantado, sin saber que el fútbol, así como da alegrías, da también frustraciones y sinsabores dolorosos, como el de ayer.

IMPREDECIBLE

Nuestros curanderos sociales de izquierda, esos mismos que ayudaron afanosos a poner a Pedro Castillo en Palacio, no conocen algunas aristas difíciles de predecir en el fútbol, en tanto esta es una actividad en apariencia sin sentido, llevada a cabo por personas con aptitudes especiales, que escapa a todo intento de quienes pretenden definir su valor y sin embargo, de algún modo, parece transmitir algo verdadero, como bien lo describe Chad Harbach.

MANIPULACIÓN IDEOLÓGICA

No queremos mostrar un determinismo del fútbol como si fuera una actividad impoluta, aséptica. Y es que se presta al monoseo político, reiteramos, y a la gran corrupción, como en la FIFA. Y a la manipulación ideológica. Es el caso del curandero social Jorge Bruce quien anunciaba ayer en su columna habitual en un diario local que en estos días aciagos, oscuros y deprimentes “la salud mental de la nación depende del partido de repechaje”, esto al analizar la relación tóxica entre el Ejecutivo, el Congreso y, de yapa, el Tribunal Constitucional, trío al que endilga tener una ideología conservadora. Bruce no debe quejarse porque él votó por Castillo. A llorar a la playa.

UNIÓN Y NO DIVISIÓN

Si ensayamos un paralelo entre el fútbol y la política, teniendo como base lo logrado por nuestra selección, que dicho sea de paso cayó batallando, podemos decir que los líderes unen. No dividen. Todo estadista hace eso: une a su pueblo tras metas políticas y económicas que beneficiarán a todos. Eso hizo Gareca con el fútbol. Unió a todos los peruanos. Castillo lo único que sabe es dividir y ofender a diario a quienes discrepan de su gestión.

VOZ DE ORDEN

Obviamente duele no ir al mundial, pero reza el dicho popular que no hay mal que por bien no venga. Hay muchos patriotas que han dado la voz de orden. Al fin de la batalla, y caídos los combatientes, hay que restañar heridas, para luego acometer, como dice José Barba, a ganar el partido más importante desde el punto de vista de la historia: la eliminación del rojerío saqueador y la clasificación del Perú hacia el destino democrático que nos merecemos. Fuera, Castillo, fuera.