Aparecen indicios de nuevos grupos terroristas selváticos
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Alerta. Mientras en Lima Sendero luminoso viene desarrollando el “Plan Amanecer” para el reinicio de la “lucha armada”, en la selva central  circulan volantes y comunicados que usan los logos de Sendero Luminoso –Movimiento Oriental (SL-MO), Fuerzas Armadas Revolucionarias – Ejército Popular Tupacamarista (FAR-EPT) y del ya conocido Sendero Rojo (SR).

Se trata de una campaña de amedrentamiento y de infiltración que está causando preocupación en las comunidades  nativas y etnias ashéninkas, asháninkas, shipibas, haranaguas, quechuas y otras, según pudo confirmar EXPRESO en varias visitas a la zona.

Uno de los volantes está dirigido a los “vividores del pueblo, estafadores, agitadores (…) genocidas, traidores”, para que dejen de “aprovecharse de gente humilde» “por no convenir al partido S.L.M.O.”. Se dirigen obviamente a los jefes de las comunidades y etnias.

“De lo contrario estamos siguiendo tus pasos y perderás tus familias uno a  uno. La vala [bala] cuesta solo S/ 2.00. Tu vida no me cuesta nada”, amenazan. “Comparte con tu equipo. Morirán todos los rateros, (…) morirán como perros”, reiteran.

Se presume, según los jefes nativos, que se pretendería volver al mismo esquema de mediados y fines de los años 80 del siglo pasado en que reclutaban a jóvenes de 16 a 22 años de las zonas selváticas de Huancavelica, Ayacucho, Junín, Apurímac y Ucayali “como si fuesen animales”.

En la actualidad “incluso prometen un pago de 600 dólares al mes, más su alimentación, con la promesa de darles instrucción militar y política, de preferencia a licenciados que prestaron servicio militar en el cuartel de Pichari del VRAEM”, dijo un dirigente que prefirió el anonimato por razones de seguridad.

Este es un problema potencial, señalan los ashéninkas, porque junto al terrorismo puede venir el narcotráfico, como está sucediendo en la Vraem, a sabiendas de que en los territorios de esta etnia está prohibido sembrar coca.

A los colonos que lograron instalarse en la zona y que empezaron con esta actividad se les avisa primero, por las buenas, que abandonen ese tipo de cultivos. Si no obedecen, “se les aplica nuestra ley y se les expulsa… y nada pueden hacer contra la disciplina de las comunidades nativas organizadas”, afirman.

VETERANOS DE GUERRA

Si no hay coca ni terrorismo en la zona –que abarca los territorios selváticos de Ucayali, Junín y Cerro de Pasco-, esto se explica porque en todo el Gran Pajonal Oventeni – Atalaya – Ucayali tienen un ejército de unos 2,500 hombres que son veteranos de guerra porque vencieron en la confrontación armada que tuvieron primero con el MRTA y luego con Sendero Luminoso entre 1989 y 1993, recuerdan sus líderes.

Si aparecen nuevos grupos subversivos, bueno es recordar la historia que vamos a narrar, desde fines de los años 80 del siglo pasado cuando los emerretistas asesinaron al ‘Pinkatzeri’ Alejandro Calderón Espinoza, en ese entonces jefe de las 54 comunidades nativas afiliadas a la organización regional del río Pichis llamada Apataywaka Nampitsi Ashéninka Pichis (ANAP).

Calderón Espinoza fue cosido a balas, junto a su lugarteniente Rodrigo Cauja, en el campamento de Chaparral del MRTA ubicado en las cercanías de Satipo, Junín, un lejano 15 de diciembre de 1989. Del fuego de metralla el único que escapó de ese campamento –donde habían sido confinados– fue el nativo Benjamín Cavero, quien informó de la trágica noticia en una asamblea de comunidades nativas de ANAP a fines de ese año, donde decenas de jefes nativos juraron vengar la afrenta, castigar el crimen y defender sus territorios para impedir que la sedición terrorista se impusiera en el Pichis y aledaños.

‘CHULLACHAQUI’

La contraofensiva fue letal e imborrable en la historia de la Organización Ashéninka Gran Pajonal – Oventeni, recuerda su actual máximo jefe, Miguel Camaiteri Fernández, de 68 años, conocido como ‘Chullachaqui’, el comandante general del Ejército Juan Santos Atahualpa.

Aquel juramento fue además en respuesta a las matanzas seguidas en Satipo y otras zonas de la selva donde “hemos sufrido ataques a mansalva, asesinatos de muchos dirigentes, incendios de nuestros pueblos, violaciones de nativas y niñas”, recuerda ‘Chullachaqui’, sin olvidar que fue Sendero Luminoso el enemigo principal en toda esa zona que ahora se conoce como el Vraem (Valles de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro).

Antes, la vida lugareña era apacible, pero ya operaban narcotraficantes, columnas senderistas y del MRTA, motivando la invasión de tierras comunales para la plantación de coca y la destrucción de bosques por madereros ilegales.

Y en las incursiones de los terroristas había abusos sin nombre porque se llevaban las gallinas, el ganado, los productos de los frutales, yuca, canoas, y, lo que era más grave, forzaban a algunos jóvenes y los reclutaban a la fuerza.

Esto, hasta que se cruzaron con la firme decisión de jefes, como Miguel Camaiteri Fernández, que tenían la convicción de mantener la lucha indígena en forma autónoma ante los extraños que invadían sus dominios, incluido el Estado, “del que nada recibimos en esa batalla del Gran Pajonal que en un inicio duró cuatro meses, desde enero de 1990, hasta la derrota total del MRTA y después de Sendero Luminoso en el combate de Ocopa”, recuerda ‘Chullachaqui’.

Este jefe guerrero tenía como primer comandante instructor al ashéninka Pedro Otárola Nicolás (‘Carachupa), que a la edad de 18 años se incorporó a las acciones de guerra el año 1988 y combatió hasta 1993. Él estuvo al mando del primer grupo selecto de 200 combatientes que tenían como armamento de guerra flechas de tres puntas envenenadas y arcos de lanzamiento de bombas de wingo, una especie de calabazas que en su interior llevaban víboras u otras especies venenosas –como los loromachacos y tingoteros–.

El segundo comandante fue –recuerdan– Alberto Jumpire Suri, un joven y valiente guerrero de solo 19 años. El tercero en mando era Lorenzo Capcha Cevallos, de 20 años, que cayó en el combate en Puerto Ocopa, Satipo, contra las huestes del “camarada José” (Quispe Palomino) de Sendero Luminoso el 11 de agosto de 1990, dejando a su mujer viuda y a cinco hijos huérfanos.

El cuarto en jerarquía era el mando ashéninka Juan Diógenes Otárola Nicolás, otra víctima mortal en el mismo enfrentamiento de Puerto Ocopa. Es de subrayar que además acribillaron a su esposa Senovia Meza y ambos dejaron cuatro hijos huérfanos.

Por Pedro Otárola Nicolás, que hoy tiene 50 años, EXPRESO se entera que después del aplastamiento del MRTA, se hizo el seguimiento de las fuerzas de Sendero Luminoso, llegando a la conclusión que estaban diseminados en varios campamentos en la zona en un número que no sería menor de 300 “cumpas”.

“Más información sobre esos terroristas nos la dio una mujer que fue capturada por nosotros, quien dijo ser de Churcampa, Huancavelica, ‘camarada Ana’, de unos 20 años, a quien la tenían secuestrada y en trabajos de  servidumbre en la zona de Pangoa, según su versión”, afirma Otárola.

“Fue ella quien delató que los terroristas tenían cercados en el convento de Ocopa a unos 22 ‘sinchis’ y el objetivo de estos era liquidarlos para quedarse con su armamento”, agrega.

Este dato fue clave para la otra contraofensiva contra las fuerzas senderistas que, en efecto, sumaban unos 300 contingentes armados. Y en la madrugada de un sábado de agosto del citado año 1990 el comandante general Miguel Camaiteri ordena a Pedro Otárola (‘Carachupa’) para que intervenga con 600 hombres divididos en cinco grupos.

Fue así que se les cayó de sorpresa y los terroristas fueron liquidados en su gran mayoría a punta de armamento envenenado, con excepción de 20 heridos en combate, rescatando además a los ‘sinchis’ sanos y salvos y al personal religioso del convento.

Es de subrayar que por el mencionado rescate, ‘Chullachaqui’ fue condecorado por la Policía Nacional y recibió además 10 retrocargas o fusiles de cañón corto, calibre 12 mm.

“Todos los terroristas fueron enterrados y nos apoderamos de sus armas”, recuerda el nativo, quien fue actor y vencedor en esas lides que la historia oficial aún no ha reconocido.

En la actualidad se sabe que los resultados de la derrota de Ocopa obligaron a los terroristas a replegarse en Vizcatán, en Huancavelica, y a las zonas del Vraem más cercanas a la región Cusco.

‘Añoje’ exige indemnización

Para otro combatiente nativo, Idelfonso Campos Núñez, de 63 años, cuyo apelativo de guerra es ‘Añoje’, la expulsión y erradicación de la guerra arrasada que practicaba SL contra las comunidades nativas “nos permitió liberar de la esclavitud a 87 comunidades asháninkas [con a], pero tuvo para nosotros el alto precio de 85 mártires y centenares de niños huérfanos de padre y madre. Para todos ellos exigimos reparación e indemnización”.

“Plan amanecer”

De acuerdo con el especialista en temas contra el terrorismo, Luis Alberto Sánchez, Sendero Luminoso realiza un arduo trabajo político con el objetivo de conseguir más adeptos y establecer el “Plan Amanecer”, que tiene como fin reunir a más de 5 mil jóvenes para eventualmente volver a las armas y destruir al viejo Estado.

El especialista comentó que en nuestro país existen alrededor de 2,500 militantes de Sendero Luminoso, de los cuales 1,500 serían jóvenes. De acuerdo al “Plan Amanecer”, hay tres etapas; la creación del partido, creación del ejército del partido y destruir al viejo Estado.

LEONIDAS CANCHANYA JOAQUÍN / Enviado especial