Carta al presidente Vizcarra
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POR: JUAN CARLOS HURTADO MILLER 

Señor Presidente:

La esencia constitutiva de la comunidad es el individuo, que bajo comportamientos e instituciones diferenciadas se organiza, y en conjunto, forma la denominada “Sociedad”. Asimismo, es muy claro que el “Sector Privado” es el verdadero creador del stock de capital que logra producción, comercio y especialmente empleo. Es cierto que el Poder Público emite las leyes, pero las leyes no crean Humanidad; más bien, la Humanidad crea las leyes.
Desde el 15 de marzo del año en curso hemos vivido un problema serio de salud pública que ha producido una crisis económica de enorme magnitud, que, en escasos meses ha casi destruido una muy sacrificada construcción de nuestra economía, lograda en 30 años.

1.- Los problemas financieros y los protocolos.

En el mes de marzo se inició “Reactiva Perú” programa que ayudó en los problemas de liquidez a las empresas. Sin embargo, la iniciación de las labores de trabajo están detenidas, por la existencia de protocolos que se elaboran en los escritorios del sector público sin escuchar al sector privado. Sector al que, como sabemos, es muy difícil decirle lo que tiene que hacer. Por ello, cuando menos hay que escucharlo, dejarlo actuar y hacerle control ex-post. La economía es un todo y el fraccionamiento sectorial normativo se realiza en el planeamiento inversor y no para la solución de crisis.

2.- La pequeña y la mediana empresa. Su financiamiento y el aporte tecnológico.

En documento publicado el 26 de mayo en el diario Expreso, solicité que, como parte de Reactiva II, se vea la posibilidad de que el Estado emitiera obligaciones por 10,000 millones de soles a ser compradas en el mercado secundario por el BCR, y con este dinero el Estado -o Cofide- aporte a las Cajas Municipales y Rurales a su capital de constitución. Ellas son los mejores auxilios financieros para las pymes, las que, además, no requieren protocolos para operar. Y coordinando con “Produce” pueden iniciar programas de asistencia técnica y de aporte tecnológico. Estas empresas aportan casi el 80% de la mano de obra y, actualmente, por falta de reservas propias deben estar absolutamente descapitalizadas. Y ello, además, alcanza hasta los agricultores que son la gran mayoría de empresas informales.

3.- El aspecto social.

No se puede invocar el derecho social sin respeto a la persona humana. No se puede optar por la preferencia social frente a los derechos ciudadanos. Esa actitud significa la fermentación de un descontento ciudadano que pone en peligro el sustento de los derechos a la vida, a la libertad, a la propiedad y hasta a la propia seguridad. La Institucionalidad que ordena nuestra “Carta Magna” está basada en un “Pacto Social”, mediante el que las personas cedemos derechos propios de nuestra dignidad para que el sector público actúe, siempre y cuando sus acciones justifiquen su capacidad de mando y el ejercicio del poder. “El Estado no posee derechos entendidos como potestades innatas provenientes de su naturaleza” (Fabian Corral).

Uno de los objetivos de los socialistas es crear la “transición”; es decir, exacerbar la preferencia social por encima de la individualidad; fomentar el maltrato a la protección social verdadera y al bien comunitario, llevándonos hacia una alternativa más controlista para así lograr reconocer, según ellos, una supuesta supremacía del Estado por encima del derecho de las personas.

Con el debido respeto a su investidura y ante la grave situación de nuestro país, debo opinar y opino:

1.- Es urgente pedir la participación del sector privado para la elaboración de un Plan de Inversiones de nuestro país. En teoría, la reactivación (o refinanciación) se ha dado, y el “Arranca Perú” es empleo y trabajo de la inversión pública. Pero ella, es solo 6% del PBI, el resto es empresa privada. Y es esta la llamada a elaborar, ya no protocolos burocráticos, sino una denominada “Matriz Institucional” de actividad económica en un contexto socio cultural complejo, que contempla tanto la necesidad de inversión nacional como extranjera, con estimados de recursos y tecnología, derechos sociales, naturaleza del Estado, asociaciones privadas, y problemas de satisfacción de necesidades básicas, entre otros factores. Nuestro país posee unos equipos técnicos de gran solidez académica. Y ellos están en el sector privado como en el sector público. No los ignore, pues la crisis actual no es solo financiera: es económica. Y muy grave.

2.- La asistencia humanitaria fue muy mal emprendida. Supervisar a más de 1,600 municipios en el país es una labor imposible, no solo en ejecución sino asimismo para evitar la corrupción, que desgraciadamente ha habido. En los años 90, cuando se tuvo que tomar medidas muy duras, se conformó un Directorio compuesto por 11 personas. Solo uno era del sector público, para responder por el uso de recursos estatales. Incorporamos a personas de valía, quienes nos dieron gran fuerza moral, como María Elena Moyano y monseñor Augusto Durand.
Señor Presidente, no dude en llamar a las iglesias, pues todas ellas “respetan los valores superiores de la vida, la justicia y la actitud moral” (Christopher Dawson). Y además, a las asociaciones civiles y ONG con experiencia en asistencia social.

3.- Sabemos que ha llamado a la Fuerza Armada para ayudar en el control público. Más aún, cuando el problema delincuencial es muy serio. Pero mi invocación es que, después de apreciar lo sucedido en el “Planeamiento Estratégico” de toda la operación de salud -con hospitales colapsados, con médicos, enfermeras y ayudantes sin protección humanitaria básica y, con escasez de medicamentos y otros elementos de ayuda- la presencia de la Fuerza Armada, no en cuanto a accionar militar, sino en la inteligencia de su proceder profesional, es fundamental. Las guerras no se ganan solo con armamento sino, especialmente, con inteligencia. Y nuestra Fuerza Armada lo ha demostrado.

Señor Presidente: El “coraje” no es perder el miedo, sino tenerlo, reconocerlo y superarlo. “La verdad es la más temida de las fuerzas revolucionarias; los pequeños motines se fraguan con armas de soldados, las grandes revoluciones se hacen con doctrina de pensadores” (José Ingenieros).