Comunicación: uno de los puntos más débiles en gestión de la pandemia
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El escritor y periodista Jorge Alania Vera, jefe de la Oficina General de Comunicaciones del Ministerio de Salud en la gestión del exministro Óscar Ugarte, en los años de la pandemia del AH1N1, 2009 y 2010, dialoga con EXPRESO sobre esa experiencia.

¿Escuchó usted la conferencia de prensa en la que se hicieron los anuncios de las nuevas medidas contra la propagación del coronavirus?

Sí y fue un espectáculo bochornoso. Nadie entendió nada, al punto de que ha sido unánime el calificativo de caótica. Hasta la primera ministra ha reconocido -lo que me parece bien- que fue un día muy malo para las comunicaciones gubernamentales.

¿Y a qué cree que se debió eso?

Mire, le voy a dar mi impresión personal por la experiencia que tengo como director de comunicaciones de ministerios y entidades públicas. Los comunicadores hacen su trabajo, pero hay tantos que meten la mano, asesores internos y externos, funcionarios de alto rango, amigos de las altas direcciones etc., que se vuelve un cambalache cualquier acto comunicacional. Una simple nota de prensa recorre un vía crucis antes de ser enviada a los medios, generalmente tarde. Lo que se precisa es mantener un orden, respetar las competencias y que el jefe de comunicaciones se imponga… o se vaya.

¿Cómo ve el manejo comunicacional de la pandemia en esta oportunidad?

La pandemia ha tenido y tiene -lo señalan los expertos más solventes- un manejo deplorable y, en especial, el tema comunicacional que constituye uno de sus lados más débiles. No se cumple casi nada de lo que ofrece. Quién le va a creer algo a usted si sostiene por meses, y hasta ahora, un número de fallecidos que no es, escandalosamente, el real; y dice que va a duplicar las camas UCI y estas, al contrario, se reducen. Quién va a ser aliado de una gestión inepta y una vocería, encima, arrogante. La comunicación es el soporte de la acción política y viceversa.

¿Cómo se trabajó en la pandemia de la gripe AH1N1?

En comunicaciones no es verdad que varias cabezas piensan mejor que una. Por eso lo primero es que cuantas menos personas intervengan en la organización de la vocería y el acto comunicacional, es mejor. Durante la pandemia anterior, todas las decisiones comunicacionales las tomábamos dos personas: el ministro Ugarte y yo. Nadie más. Yo sugería, tras las coordinaciones del caso con mi equipo, conversábamos, él aprobaba y, acto seguido, se llevaban a cabo para lograr oportunidad.

¿Él era el único vocero?

No, lógicamente, pero el principal. Teníamos otros pero todos tenían cualidades que evaluábamos con el ministro. Porque no cualquiera puede ser vocero. Hay que tener condiciones, como para ser cantante. ¿Qué hace un cantante sin voz? Le voy a decir algo: muchas veces el vocero es más importante que el mensaje.

¿Cómo comunicaban los números de contagios y fallecidos?

Todas las tardes a las 3 pm en punto lanzábamos un comunicado. Su producción era muy simple. El director de salud de las personas nos pasaba la información y nosotros inmediatamente la enviábamos a los medios en un simple formato. Lo importante eran las cifras, no los dibujitos. Nuestro equipo tenía listos los voceros. Nadie se interponía en esa cadena.

¿Y hubo confianza en la población y medios desde un primer momento?

Sí porque dijimos siempre la verdad. Sin ella no hay comunicación que se sostenga. Le voy a contar una anécdota: en un primer momento y ante el primer caso tuvimos una conversación con el ministro Ugarte para dar detalles y los dimos porque la gente tiene derecho a saber. Sabíamos que era un riesgo pero lo corrimos.

Al día siguiente algunos medios nos criticaron duro, pero luego comprendieron que lo mejor es decir siempre la verdad, como a los pacientes.

Al final de la pandemia la OPS nos reconoció como un muy buen manejo comunicacional y el ministro Ugarte fue elegido el mejor ministro del año 2010 por todos los medios debido a su gestión.

¿Cómo se preparó a la población?

Los medios fueron nuestros grandes aliados y las organizaciones de la propia población: gremios, asociaciones comunales, municipios, vecinos, transportistas, comerciantes, vendedores de los mercados, ongs, padres de familia de las escuelas, apafas, ambulantes, empresas grandes y pequeñas, clubes departamentales, las propias iglesias católica y evangélica se sumaron. La comunicación moviliza a la población si esta cree en ella.

SOLO UN MILLÓN DE SOLES

¿Con cuánto presupuesto contaron para la campaña de comunicación en los años de la pandemia del AH1N1?

Nuestra campaña comunicacional durante toda la pandemia costó apenas un millón de soles, principalmente por unos spots en televisión cuya producción la hicimos con nuestro equipo en el ministerio, no eran para ganar un óscar, por nuestras propias limitaciones técnicas, pero tenían la calidad suficiente para cumplir con su objetivo que era lo importante.

¿Tenía gente joven en su equipo?

La mayoría. Fíjese que encontré a una chica de 24 años, que no conocía, en una jefatura y luego de la necesaria prueba la mantuve durante toda mi gestión. Ella está ahora en Europa. Con la energía e iniciativa de la juventud y la serenidad y experiencia de la adultez se maduran los mensajes y las estrategias para todo público.

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