Convirtió Cochas en un infierno: quemaron vivos a 18 comuneros

En dos intervenciones a la comunidad, desató su furia por pretender formar rondas para defenderse.

Por Italo Oberto-Besso

No era la primera vez que una columna de Sendero Luminoso ingresaba al apacible Cochas, aún quedaba en el recuerdo de los pobladores la brutalidad que habían desatado meses atrás en ese villorrio, pero el 19 de setiembre de 1986, este medio centenar de terrorista demostraron que su sadismo y crueldad no tenían sus límites ni en la piedad ni en las súplicas.

Los terroristas dejaron a su paso por Chocas 19 muertos y un pueblo convertido en un infierno y después en opacas cenizas.

Aquella mañana, alrededor de 40 senderistas armados de fusiles y metralletas incursionaron en Cochas, en la provincia de La Mar, a apenas 120 kilómetros de Huamanga. Según testimonios de los sobrevivientes, el cabecilla terrorista convocó al pueblo en el salón comunal y pidió, en realidad exigieron, dinero, granos y mulas.

Los hombres importantes de la comunidad, pese a no tener armas, se opusieron, recalcaron que necesitaban también los alimentos. Su preocupación era principalmente asegurar la alimentación de los pobladores, sobre todo de los ancianos, niños y mujeres.

EL INFIERNO

Aquella expresión de valentía y de defensa de su pueblo obtuvo como una única respuesta una ráfaga de metralleta que dejó 18 personas en el suelo, entre heridos y muertos.

Inmediatamente después, ante todos los pobladores, los cuerpos fueron colocados unos sobre otros y sin importar que alguno estuviera con vida, se les roció gasolina y se prendió fuego al salón.

Los gritos de los que aún estaban con vida, en medio de las llamas amarillas, rojas y azules de aquel infierno, aún retumban en la memoria de los pobladores.

Para el horror y dolor de los pobladores, una de las víctimas se asomó a la puerta convertido en una antorcha humana, queriendo escapar de aquellas lenguas de fuego que se pegaba al cuerpo.

Dos niños corrieron a auxiliarlos. Pero de pronto se escuchó el disparo de un fusil. Un niño cayó sin que nadie se atreviese a acercarse. El otro menor no tuvo más opciones que retroceder espantado.

Antes de abandonar Cochas, los terroristas hicieron pintas en todas las cabañas y lanzaron amenazas contra quienes se atrevieran a “borrar los símbolos del Partido”.

SILENCIO Y OLVIDO

Este horrendo crimen se dio a conocer en distintos medios de comunicación una semana después; sin embargo, ninguna organización defensora de derechos humanos ni los llamados estudiosos del terrorismo consideró necesario emitir una opinión o señalar para la historia esta tragedia.

En el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, por lo menos en lo que hemos podido revisar, solo se cita como un pie de página el nombre de Cochas, en todo el documento.

PRIMERA INCURSIÓN

Como ya dijimos, no era la primera vez que Sendero Luminoso llegó a Cochas; en esa oportunidad la estela de destrucción fue también dolorosa; sin embargo, nada comparable con el nivel de crueldad de su segunda llegada.

El 30 de enero de 1986, cincuenta senderistas ingresaron a Cochas y después de apoderarse del pueblo sacaron de sus domicilios a empellones a los cuatro campesinos (Epifanio Rodríguez, Enrique Quispe, Máximo Condori y Juan Narváez) que habían propuesto la creación de las rondas, hacía una semana.

Sendero Luminoso pretendía destruir una organización –la ronda– que no existía, y pretendía solo asegurar la paz de Cochas; sin embargo, estos ronderos en formación, no tenía armamento ni organización, pero el terrorismo no podía aceptar tamaña insubordinación.

Los campesinos allí, reunidos y amenazados con fusil y metralleta, no tenían con qué defenderse.

JUICIO POPULAR

Los hombres de campo fueron llevados a la plaza de la comunidad, fueron atados y torturados frente a los comuneros, y después de una acusación sumaria por el delito de “apoyar al régimen genocida de Alan García” fueron sentenciados a muerte.

Los cuatro detenidos eran los únicos que debían morir; sin embargo, el amor se impuso al miedo.

Cuando los senderistas comenzaron a disparar contra los campesinos amarrados, sus esposas, sus hijos corrieron hacia ellos para abrazarlos.

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