El manoseo de la delación en la política: el mal uso de la colaboración en el Perú

Se ha convertido en una herramienta para desestabilizar a cualquier funcionario que sea incómodo para ciertos intereses.


Debe ser motivo de particular preocupación cómo en nuestro medio la delación -utilizada con fines políticos- ha pasado a convertirse en una herramienta para desestabilizar a la sociedad.

La colaboración ha dejado de ser una herramienta ideada para luchar contra la criminalidad organizada, para pasar a convertirse en el método ideal y efectivo no solo para desestabilizar a cualquier persona, político o funcionario que sea incómodo para determinado intereses o fines, sino respecto a generar una intranquilidad social y colectiva incluso con mayor rango que la criminalidad común y la inseguridad ciudadana.

Hablo de violentar en forma directa y maquiavélica la solidez y el respeto al estado de derecho, socavando la mejor garantía que permite a una sociedad civilizada encontrar el camino de la prosperidad, la igualdad de derechos y el respeto mutuo entre sus conciudadanos frente a los funcionarios.

Hablamos de carcomer y quebrantar el sistema de justicia como órgano dependiente y autónomo, como la mejor garantía -yo diría la única- frente a la apetencia desmedida de poderes oscuros e intereses de parte de quienes recurren a la delación y su perversa utilización o interpretación como mecanismo legal ideal para desestabilizar instituciones y personas que por distintas razones resultan incómodas o contrarias a los intereses que se encuentran en juego.

Delator estrella

Me refiero a un delator excepcional con una amplia experiencia en el desempeño de la función pública en los más altos niveles del aparato del Estado, que conoce muchos de los entretelones del uso y la perversión de la labor pública con fines contrarios a la ley.

Hablamos de quien participó de forma activa y decidida en negociaciones soterradas, oscuras y secretas entre políticos, particulares interesados, funcionarios públicos de alto nivel y otros personajes advenedizos a la labor pública, el mismo que al sentirse abandonado o traicionado de quienes intervinieron en igualdad de condiciones o incluso con mayor rango, decide relatar, develar y describir ante las autoridades que lo investigan todas y cada una de las dimensiones ocultas y encubiertas sobre cómo se desarrolla la labor pública en nuestro medio.

Hablamos de la revelación de toda una serie de labores que se realizaron al margen de la ley y de toda credibilidad, que no deja de sorprendernos respecto a cómo se puede abusar y hacer mal uso del estado de derecho para beneficio de unos cuantos y en desmedro de las grandes mayorías.

Narrativa delatora

La delación como mecanismo legal fue ideado para obtener información selectiva y privilegiada de parte de quienes habiendo participado de forma activa y dolosa en la realización de delitos graves en un contexto organizativo, por distintas razones, deciden de mutuo propio apartarse de los planes o acciones criminales que se encontraban en curso para fines de colaborar de forma y manera decidida con la justicia, contando todos los detalles sobre la forma y manera como se procedía.

No se trata de una decisión individual que implica una inversión de los fines morales o éticos que pueden encontrarse en juego, sino de un juego de conveniencias personales calculadas delatando hechos o actividades, no con fines de sanear la función pública sino con la única finalidad de quedar libres o exento de las responsabilidades penales por haber intervenido en delitos graves.

Una negociación inversa o perversa respecto al logro de beneficios personales que se obtienen, si es que se proporciona información a las autoridades que era desconocida y que resulta pertinente, que es valiosa y oportuna. Hablamos de nominar a quiénes habían participado, cómo ayudaban, cómo lo hacían con nombres y funciones propias que hasta la fecha no se sabía ni se sospechaban.

Información selectiva

Refiero que se trata de información selectiva y privilegiada la que proporciona el delator, en razón a que, tratándose de actividades llevadas a cabo dentro de estructuras organizadas al más alto nivel de la labor pública, difícilmente hubieran sido conocidas a través de una investigación tradicional.

Un disparo mutuo entre delator y delatados, tanto respecto a su propia intervención, como en lo referente a otras autorías, coparticipaciones, complicidades e incluso instigaciones que provenían de terceros.

Desestabilización interna

En el presente caso, se trata de información que proviene no de testigos comunes, de personas ajenas o de simples delatores de una organización, sino de información que proviene desde adentro del grupo y a los más altos niveles directrices.

Nos referimos a información selecta y estratégica en términos estructurales, que ha sido obtenida no de los procedimientos normales que se usan para investigar y reunir pruebas, sino de quien recurre a la delación como la última alternativa.

Hablamos de datos selectos que provienen de una de las cabezas que diseñaban los planes o las acciones que había que llevar a cabo, lo que le otorga un valor superior respecto al curso y orientación que debe seguir las investigaciones respecto a los involucrados con nombres, fechas, datos, documentos, funciones y decisiones que se tomaban.

Hablamos de una información que proviene desde el mismo núcleo, respecto a quienes eran los ideaban los planes, quienes los dirigían, quienes seleccionaban a las víctimas, y en definitiva quienes eran los que tomaban las decisiones al mismo interior de toda la organización. Se trata de lo que se requería hacer, y a la misma vez, dejar de hacer, todo como parte de la misma estrategia de selección, persecución e impunidad.

Arma política

Refiero que la delación en nuestro medio como mecanismo legal de sindicación ha dejado de ser una arma para luchar contra el crimen para pasar a convertirse como un medio de persecución.

Se persigue a quienes se interesa hacerlo con el concurso de otros medios de apoyo o difusión, para fines de expandir la información a través de los medios de comunicación, tanto para exacerbar a la opinión pública como para tenerla aletargada o sumisa omitiendo de forma intencionada la misma información y en otros casos haciendo aseveraciones falsas y tendenciosas.

Hablamos de recurrir a la delación tanto para criminalizar, como también para victimizar librando a verdaderos responsables de todas las culpas, o mostrarlos como verdaderos culpables o inocentes, dependiendo de las circunstancias o los intereses que puedan mediar.

Delación y posverdad

Hago referencia a esta fórmula lingüística y su estrecha relación entre ambos conceptos, porque cuando la delación se hace de conocimiento público (muchas veces solo como discurso fake de la política populista), en realidad se trata del mismo tinglado como fórmula con la que se puede manejar todo un proceso de delación solo con fines políticos.

La divulgación a través de los medios de comunicación de la delación necesariamente desemboca en un doble sentido: la revelación de hechos graves al interior que por razones entendibles no se conocían, y que suscitan estupor colectivo; y porque, tanto la verdad como la mentira se banalizan en desmerecimiento de los objetivos que persiguen los procesos judiciales.

Todos perdemos; la justicia, porque es objeto de manipulación; los magistrados porque pierden objetividad y a la vez credibilidad; los ciudadanos porque dudan de la imparcialidad con que se manejan los procesos judiciales; y el respeto por el estado de derecho que para el cumplimiento de tales fines ya poco o nada importa.

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