Javier González-Olaechea: en defensa de la soberanía nacional [EDITORIAL]

La diplomacia no solo se trata de formas y gestos, sino también de sostener y defender los intereses del Estado.


Por Antonio Ramírez

En el reciente acto diplomático en la residencia del embajador de Canadá en Lima, el ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Javier González Olaechea, desarrolló una intervención que, si bien fue objeto de críticas, merece una revisión más equitativa.

La controversia surgió cuando el canciller increpó la injerencia de Canadá y otras 15 embajadas en la creación de una ley en el Congreso peruano relativa a la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI). Esta acción, aunque controvertida, pone de manifiesto un punto esencial: la defensa de la soberanía nacional.

Es importante destacar que la diplomacia no solo se trata de formas y gestos, sino también de sostener y defender los intereses del Estado.

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La injerencia extranjera en asuntos internos siempre fue un tema sensible y, en este caso, el canciller actuó en defensa de la autonomía legislativa del Perú.

Las ONG que reciben fondos del extranjero deben operar bajo la normativa peruana y la intervención del ministro subraya la necesidad de transparencia y control sobre estas entidades.

La decisión de expresar su postura en un evento diplomático puede parecer inapropiada para algunos (políticamente correctos), pero también puede interpretarse como una declaración de principios, subrayando que la soberanía no es negociable ni puede ser puesta en duda en ningún contexto.

La crítica de que el canciller debió convocar a los embajadores en otro momento y lugar es válida desde el punto de vista de la etiqueta diplomática; sin embargo, la urgencia y la firmeza de su mensaje reflejan una postura clara ante cualquier intento de injerencia.

El ministro González Olaechea, al enfrentar este tema, demostró que el Perú no está dispuesto a aceptar presiones externas en la formulación de sus leyes y políticas internas.

Esto es especialmente relevante en un contexto en el que las relaciones internacionales pueden estar marcadas por intentos de influencia en las decisiones soberanas de los países.

Es esencial recordar que la diplomacia también implica defender la dignidad y la independencia del país. Las relaciones diplomáticas deben ser de mutuo respeto y no de subordinación. La firmeza del canciller, aunque polémica, envía un mensaje claro de que el Perú valora su soberanía y espera que sea respetada por todas las naciones.

La preocupación sobre posibles represalias diplomáticas es válida, pero ceder ante la presión externa no debe ser la respuesta.

La defensa de la soberanía es un principio fundamental que debe guiar las acciones de cualquier gobierno. En este sentido, el ministro actuó correctamente al poner los intereses nacionales por encima de las críticas y presiones internacionales.

En conclusión, aunque la forma en que el canciller expresó su postura puede ser debatida, el fondo de su mensaje es claro y legítimo.

La soberanía del Perú debe ser respetada y defendida en todos los foros, y es responsabilidad del ministro de Relaciones Exteriores asegurarse de que este principio sea mantenido firmemente.

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