¿Es la Diviac una policía política?

Chávarry supuso que se trataba de un asunto confidencial referente a algún caso importante. Se llevó una sorpresa: Colchado había ido a insinuarle que renuncie al cargo...

FOTO: ANDINA.
  • Fecha Viernes 31 de Mayo del 2019
  • Fecha 4:04 pm



Por Fernando Rospigliosi para Político.pe.

A mediados de agosto de 2018 el coronel PNP Harvey Colchado, jefe de la DIVIAC (División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad), pidió una reunión con el fiscal de la Nación Pedro Chávarry. Pero le solicitó hacerla en absoluta reserva, sin pasar por los controles regulares. Así, llegó en un vehículo con lunas polarizadas y se estacionó en el sótano de la fiscalía. Chávarry bajó y se reunieron en el carro.

El fiscal había supuesto que se trataba de un asunto confidencial referente a algún caso importante. Se llevó una sorpresa. Colchado había ido a insinuarle que renuncie al cargo. Como se sabe, en ese momento Chávarry ya estaba sometido al fuego graneado del gobierno y sus aliados que pretendían defenestrarlo para que Zoraida Ávalos, del grupo del anterior fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, cercano al gobierno, retomen el control del Ministerio Público.

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En verdad, un caso insólito, que un oficial de la Policía en actividad se entrometa en una campaña política y se atreva a exigir a un magistrado de ese nivel que dimita. Pero en el Perú del vizcarrismo todo parece ser posible.

Como el magistrado no le hizo caso, el 12 de setiembre de 2018 Colchado fue más lejos y declaró públicamente contra el fiscal: “No es que Chávarry haya estado metido de lleno en la organización criminal, pero sí se prestaba (a las acciones de esa red); es un ‘Cuello Blanco’”, dijo al portal Convoca.Pe. La premisa es ambigua –“se prestaba”– y la conclusión terminante, “es un Cuello Blanco”. Naturalmente, el coro vizcarrista presentó la mención de Colchado, que no aportó ninguna evidencia, como una prueba irrefutable.

Demás está de decir que un oficial en actividad no puede hacer manifestaciones públicas de ese tipo y si las hace es pasible de una sanción. Naturalmente, Colchado quedó impune.

OTRO POLICÍA EN LO MISMO

Semanas después, a principios de octubre de 2018, Chávarry recibió en su despacho a un general de la Policía en retiro, al que él consideraba su amigo, pues habían trabajado juntos en casos antiterroristas en la década de 1990. Carlos Morán se presentó y a título personal le sugirió que renuncie. La sorpresa del magistrado fue mayúscula. El creyó que era un aliado que venía a expresarle su solidaridad. Después lo entendió. El 19 de octubre Morán fue designado ministro del Interior por el presidente Martín Vizcarra.

¿Quién podía digitar a un policía en actividad y al próximo ministro del Interior para que presionen descaradamente al fiscal de la Nación? Solamente una persona tiene el poder necesario. La misma persona que desde el principio está obsesionada por controlar la Fiscalía para sepultar las varias y fundadas acusaciones que rondan en los pasillos y carpetas del Ministerio Público.

HARVEY COLCHADO. FOTO: ATV.

LOS MÉRITOS DE COLCHADO

Harvey Colchado ascendió de mayor a comandante no por el camino regular de todo oficial, sino por la excepcionalidad de los méritos extraordinarios o “acciones distinguidas”. Y de comandante a coronel, nuevamente por “acción distinguida”.

Cuando el MRTA asaltó y capturó la residencia del embajador japonés en Lima (diciembre 1996 a abril de 1997), la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) de la Policía montó un sistema de escuchas desde el exterior del local con el apoyo de agencias de inteligencia extranjeras. Uno de los que atendía y transcribía las escuchas era el joven alférez Harvey Colchado. Luego Vladimiro Montesinos tomó el control de esa operación también, y Colchado y otros policías pasaron a estar bajo el mando del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).

Producida la recuperación de la embajada por un comando de las Fuerzas Armadas, se proporcionaron reconocimientos, condecoraciones y ascensos a policías y militares. Pero al oscuro subteniente Colchado, que desempeñó una función auxiliar copiando lo que escuchaba, según varios policías que participaron en las operaciones, no le tocó nada. Entonces, mostrando no solo su ambición sino sus habilidades leguleyas y de conveniencia, hizo un juicio a la institución para que lo asciendan. Moviéndose en el Poder Judicial logró una sentencia a su favor pero, como suele suceder en muchos casos, en la Policía, estimando que no lo merecía, no cumplieron con esa resolución. Hasta que más de dos décadas después, en el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), uno de los varios amigos que cultivó a lo largo de los años en previsión de un posible acomodo, llegó a un alto cargo del Ministerio del Interior. Y entonces se hizo efectiva esa sentencia y, por segunda vez consecutiva, logró un ascenso por “acción distinguida” en noviembre de 2016.

Aunque el premio mayor fue que le encargaron, en agosto de 2016, crear una unidad que hiciera un trabajo paralelo a la Dirincri (Dirección de Investigación Criminal) con más y mejor gente, un presupuesto casi ilimitado y todo el respaldo de las autoridades del Ministerio del Interior (Mininter). El argumento para crear y fortalecer la Diviac fue que la Dirincri era ineficiente y corrupta, y no había que perder el tiempo reformándola sino crear otra unidad en paralelo.

De mayor a comandante, Colchado había ascendido también por méritos extraordinarios en consideración a su participación en la captura de “Artemio”, el cabecilla terrorista del Alto Huallaga, en febrero de 2012. Al mes siguiente consiguió la promoción al grado superior.

Carlos Morán. Foto: Andina.

UN PRESUPUESTO SUCULENTO

La Diviac, siendo una división, tiene unos 600 agentes en su nómina y destacamentos en varios lugares del Perú, mucho más que varias Direcciones de la Policía Nacional. ¿Por qué no la transforman en Dirección? La respuesta es sencilla: una Dirección tiene que tener un general como jefe, y Colchado es coronel. Todavía, por reglamento, no puede ascender. Así es que la Diviac seguirá teniendo ese nivel hasta que su jefe obtenga las estrellas de general, quizá por algún otro mérito extraordinario.

El presupuesto de la Diviac es proporcionalmente superior a cualquier otra unidad de la Policía Nacional, de cualquier nivel. Oscila entre uno y cuatro millones de soles mensuales para operaciones e inteligencia, es decir, dinero líquido cuyo destino decide Colchado. Policías que conocen del tema sostienen que aproximadamente un 60% se dedica a la inteligencia y las operaciones.

Esa cantidad de dinero permite también otorgar asignaciones especiales a los efectivos de esa división, lo que le posibilita a Colchado atraer a los policías que considera más eficaces, arrebatándoselos a otras unidades. Eso, por supuesto, no lo ha hecho muy popular entre los jefes policiales, que ven cómo se llevan a sus mejores agentes debido a los privilegios de los que disfruta Colchado.

Pero la ambición de Colchado parece no tener límites. También se lleva colaboradores de otras unidades para realizar investigaciones y obtener éxitos que engrandezcan su gloria. Por ejemplo, en la Dirección Contra el Terrorismo no le perdonan que descubrió varios informantes cuando estaba a cargo del equipo de interceptaciones de la Policía Nacional, Constelación y, pasando por encima de todos los captó.

En el último tiempo, descarta todos los casos que le parecen pequeños e irrelevantes y se ocupa solo de los que pueden ser más mediáticos, para reforzar la idea que la Diviac es una unidad super eficaz.

SALTO A LA FAMA

La Diviac fue la encargada de realizar los llamados megaoperativos desde el principio del gobierno de PPK, y allí adquirió la fama que permitió convertir a Colchado en una estrella. En realidad, esos megaoperativos eran similares a los operativos que siempre había hecho la Policía Nacional solo que algo más grandes y con una extraordinaria publicidad.

Tuvieron, además, el mérito cierto de involucrar y capturar a varios alcaldes y autoridades locales, que participaban en el extendido negocio del tráfico de tierras, la extorsión y otros delitos. Eso también sirvió para publicitar los megaoperativos.

Pero, por lo que sabe en medios policiales, la eficacia no es la que pretenden. Muchas de esas investigaciones tienen deficiencias y varios de los capturados, exhibidos con bombos y platillos, son liberados después de un tiempo por falta de pruebas. Demás está decir que tampoco todas esas supuestas grandes bandas capturadas son tales. En realidad, en esto la Diviac no hace sino repetir una antigua práctica policial consistente en calificar como banda organizada a un conjunto de delincuentes y allegados que se juntan ocasionalmente para cometer atracos o alguna fechoría.

El caso más espectacular es sin duda la de los “Cuellos blancos del puerto”, que involucra a magistrados del Callao y, en general, del sistema judicial. Llegaron a eso a través de las interceptaciones telefónicas del equipo Constelación, que manejaba Colchado, y –siguiendo su práctica habitual– convirtieron lo que parece ser una red de corrupción en una organización criminal. No fue difícil convencer a fiscales del Callao (con escasa capacidad de investigación y menos conocimientos) de que eran una banda estable, con jefes y subordinados. Además, así todos ganaban y se hacían famosos.

Cuando el caso llegó a España y fue analizado por un tribunal, se aceptó la extradición del pez más gordo de esa red de corrupción, César Hinostroza, por varios delitos pero no por criminalidad organizada porque, dice la resolución de los magistrados españoles, “no parece que tales notas identifiquen a una organización criminal” o “las imputaciones generales no se basan en hecho alguno”. Allí, un tribunal fuera del alcance de las presiones políticas y mediáticas, desbarató la tesis de la organización criminal.

Pero fue precisamente este caso que permitió involucrar falsamente como miembro de una organización criminal al fiscal Pedro Chávarry.

Como dice Ricardo Uceda –uno de los mejores periodistas de investigación que, además, no actúa como activista político–, es “comprobable que Chávarry no era amigo de César Hinostroza, que no conocía a Walter Ríos, el capo de la Corte del Callao, y que su elección fue predeterminada por un acuerdo interno de la Junta de fiscales. El cargo de la reunión con periodistas es ridículo. Nueve meses después de que fuera implicado imprecisamente con una nota informativa de fiscales del Callao, los detenidos y colaboradores no añadieron un hecho nuevo en su contra. Por otra parte, Hinostroza fue imputado por nombramientos menores ante España, y no precisamente por el de Chávarry”. (“Crimen desorganizado”, La República, 28.5.19).

En suma, la Diviac se ha agenciado una fama desmesurada gracias a la bien montada publicidad de sus casos y al uso político que han dado el gobierno y sus aliados a sus operaciones, como en el caso de los “Cuellos blancos”.

DONDE ESTÁ LA NOTICIA, ALLÍ ESTÁN LA DIVIAC Y COLCHADO

Varios políticos de oposición han denunciado que la Diviac es una suerte de policía política. Se basan en que esa unidad ha participado, por ejemplo, en la detención de Keiko Fujimori y Augusto Bedoya, así como en el allanamiento de locales de Fuerza Popular, la detención de PPK y el intento de arresto de Alan García. Menos conocido es el hecho de que la primera vez que detuvieron a Keiko Fujimori, el 10 de octubre de 2018, cuando le tendieron una celada en el sótano de la fiscalía de la Nación, se la llevaron en el vehículo de la esposa de Harvey Colchado: la fiscal Marcelita Gutiérrez. ¿Una casualidad?

Usualmente quien realiza –o debería realizar– esas detenciones es la Policía Judicial. Pero, parafraseando un viejo eslogan, donde está la noticia allí están la Diviac y Colchado.

Quizá no sea exacto decir que la Diviac es una policía política. De lo que no cabe es que su jefe está actuando políticamente, al servicio del poder de turno, como lo demuestran sus declaraciones del año pasado contra el fiscal Chávarry y su agresiva presentación en el Congreso el 8 de mayo de este año. En la Policía se sabe que Colchado despacha directamente con el presidente Martín Vizcarra, pasando por encima del ministro del Interior y jefe de la Policía, un hecho absolutamente irregular.

De lo caben pocas dudas, entonces, es que Colchado y la Diviac están al servicio de los intereses políticos del gobierno, razón por la cual reciben además una cobertura mediática desmesurada, y en parte artificial y adulterada, de los medios de comunicación y de los políticos de la coalición vizcarrista.

Rospigliosi dice que Colchado está actuando políticamente, al servicio del poder de turno.

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Y no es, por supuesto, que Colchado tenga ideas políticas o sea un luchador anticorrupción. Es, como varios policías que han llegado muy lejos, un hábil oportunista con olfato para acomodarse y servir al gobernante del momento, obteniendo todos los beneficios de la situación. Un aprovechado discípulo de Carlos Morán.

Los que aplauden a Colchado y lo elevan a categoría de héroe no conocen o no aprenden de la experiencia. Un policía puede ser un buen investigador y a la vez un delincuente. Benedicto Jiménez jugó un papel muy importante en la captura de Abimael Guzmán y la cúpula senderista, y también fue vocero e integrante de la banda criminal de Rodolfo Orellana. ¿Es tan difícil de entender?

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