Junio sangriento: Sendero asesinó 147 campesinos | INFORME

Huestes terroristas, ebrios de violencia y salvajismo, desataron su furia sin sentido contra modestos comuneros.

El viernes 8 de junio de 1984 era un día de fiesta en Magnupampa. Los pobladores se habían reunido en la plaza central para intercambiar los productos que ellos confeccionaban. El sol caía sobre las cabezas y los negocios se realizaban entre bromas y diversión, hasta que una sombra que apenas se veía a lo lejos oscureció toda la alegría y durante un mes desató su furia en distintas comunidades dejando al menos 147 campesinos asesinados brutalmente.

Las huestes terroristas llegaron con los primeros rayos de sol a Magnupampa, centro poblado del distrito de San Miguel, provincia de La Mar, en Ayacucho.

Los criminales esperaron escondidos que los campesinos tendieran sus ponchos al suelo y acomodaran tunas, queso, charqui, papas y otros productos.

Cuando los primeros clientes comenzaban a realizar sus transacciones, los terroristas cerraron la calle por las dos esquinas y comenzaron a disparar al cuerpo de los comuneros.

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El triste saldo fue de diez hombres, ocho mujeres y tres niños asesinados.

“¡Así mueren los enemigos de la guerra popular!”, se escuchaba cada vez que paraba el traqueteo de los fusiles, y avanzaban para incendiar las viviendas de los modestos comuneros. Allí se les prohibió que se dediquen al comercio.

Hasta antes del ataque, el pueblo vivía en paz, pese a que hacía un año no tenía una sola autoridad, ni un solo policía. Nadie pudo defenderlo, como cuenta Alberto Valencia.

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Después de la matanza, los terroristas dejaron un letrero que decía: “Así mueren los enemigos de la guerra popular”. Y tal como habían llegado, con fusil al hombro algunos y otros lanzando disparos, partieron con rumbo desconocido.

SIN EXPLICACIONES

Al día siguiente, el 9 de junio de 1984, la banda terrorista, aún con la sangre fresca que los enajenaba, detuvieron un camión, que iba en camino de Ocros a Huamanga. Era un viejo camión con 15 campesinos y transportaban maíz.

Nadie entendió por qué decidieron atacar a estos campesinos. ¿Qué objetivo tenía este ataque?, ¿qué amenaza o qué falta pudieron cometer esos hombres de campo? Hasta hoy no hay respuesta, salvo el solo deleite de matar a otro ser humano.

En una de las vueltas del camino, el camión tuvo que detenerse por los grandes peñascos que habían sido colocados en la carretera. En cuanto el chofer Agapito Infanzón Cutipa pudo frenar su camión, fue rodeado por 30 terroristas fuertemente armados.

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No hubo preguntas ni reclamos. Los terroristas comenzaron a disparar matando a 15 de los campesinos. Nunca se supo la causa de esta masacre.

CHILCAS

La estela de sangre continuó a lo largo de todo el mes. El 13 de junio, en el poblado de Chilcas, en la provincia de La Mar, Sendero Luminoso volvió a golpear brutalmente a una comunidad.

Asesinó a 20 campesinos. No hubo juicio popular ni explicaciones. Los senderistas, según los sobrevivientes, llegaron al pueblo, tocaron la pequeña campana de la vieja capilla y, cuando se estaba juntando la población, dispararon a los que llegaban.

Los campesinos corrieron despavoridos. Algunos lograron escapar. En la pequeña plaza quedaron tendidos 30 cuerpos, muchos eran niños, entre muertos y heridos. No hubo repase.

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Abandonaron el pueblo por el mismo lugar por donde habían venido dando vivas al “presidente Gonzalo” y a la guerra popular. La ruta asesina continuó. El mismo destacamento terrorista llegó, el 20 de ese mes, a la comunidad de Balcón, en La Mar.

Los senderistas convocaron al pueblo y una vez reunido dispararon sobre los campesinos matando a hombres, mujeres y niños. Tampoco dieron alguna explicación. Solo quedaron en el pueblo, los muertos, el llanto y la desolación.

Después de la balacera quedaron tendidos 19 muertos. De ellos, 5 menores de 10 años.

DEVASTACIÓN

El 21 de junio, un nuevo ataque senderista en Cceraocro, distrito de Ocros, en Huamanga, cobró la vida de al menos 12 pobladores y la destrucción por el fuego de cincuenta casas.

Sin embargo, este no fue el único ataque que sufrió esta comunidad.

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