La corrupción política no solo es ilegal sino inmoral | INFORME

La izquierda proclama el carácter moral y altruista de su lucha social pero se hace de la vista gorda ante Castillo, se calla la boca, lo protege, lo encubre, se vuelve su cómplice.

Por Rafael Sapler Zaidman

El filósofo Miguel Ángel Polo Santillán, profesor principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, publicó un artículo titulado “¿Por qué los actos de corrupción política son inmorales?”, donde explica que la corrupción política es inmoral y no solo ilegal, porque impide la consecución del bien social que todos requerimos para vivir dignamente con educación, alimentación, salud, vivienda, medios de transporte. Además de inmoral, explica, la corrupción política es injusta al trazar diferencias: unos gozan de mayores privilegios a costa de otros.

Bajo la idea central del profesor Polo, la tutela de la colectividad y sus intereses resultaría el principal fundamento ético para condenar moralmente cualquier acto de enriquecimiento privado, a costa del Estado, cometido por funcionario público o actor político corrupto, más aún cuando se trate del jefe de Estado.

La inmoralidad de la corrupción pública radica en que atenta contra las ideas centrales que reivindican todos los espectros de la izquierda en su discurso: el bien común y la justicia social. Desde el ala más radical, el comunismo asentado sobre la teoría del bien común, hasta el progresismo donde enfatizan su discurso en la eliminación de los privilegios y la lucha por lo que ellos consideran la justicia social.

Perversión Ideológica

Además de ser un crimen, la corrupción política es ideológicamente perversa por ser contrarrevolucionaria. Con ese argumento moral se implantó la pena de muerte para disuadir la corrupción política en China y la extinta Unión Soviética.

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A pesar de todo ello, la izquierda peruana ha mostrado un nivel de cinismo casi inimaginado en torno a las sospechas de corrupción de Castillo por tráfico de influencias. La izquierda de todos los sectores ha recurrido a varias estrategias, al unísono. Blindajes de todo calibre y por distintos flancos: acciones de amparo, visitas sorpresa de la OEA, incluso se responsabiliza a Keiko Fujimori de la vacancia promovida contra PPK, como si la izquierda que ahora comparte el poder, no la hubiera auspiciado en ese entonces.

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