REEMPLAZA AL DEBATE POLÍTICO Y JURÍDICO

La historia del caso “Los Cuellos Blancos”

Cuando se usan las armas más deleznables con tal de controlar las entidades del sector Justicia.

La historia del caso “Los Cuellos Blancos”
  • Fecha Jueves 23 de Enero del 2020
  • Fecha 6:20 am

Fueron razones políticas y de control de las instituciones que administran justicia, o que nombran jueces, como es el Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación y el entonces Consejo Nacional de la Magistratura, las que sobredimensionaron el llamado caso de “Los Cuellos Blancos del Puerto”, publicitándolo como la más grande organización criminal de jueces y fiscales que se haya conocido en el Perú.

Con todo lo que ahora se conoce del caso, ha sido el mismo titular de la investigación, el fiscal supremo Pablo Sánchez, quien ha tenido que aceptar que no había delitos de crímenes en banda en dicha grupo de gamberros judiciales o amigotes que se dedicaban a niveles determinados de tráfico de influencias u otros eventuales delitos colaterales.

Es de recordar que fueron dos detectives de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri) de la Policía Nacional los iniciadores de esta saga. Se trata del coronel Pedro Jiménez Ramírez y del comandante Víctor Revoredo Farfán, quienes entre 2013 y 2014 hacían seguimiento a una banda de traficantes de droga y crimen organizado –extorsión y sicariato– dirigida por un alias “Castaño”, cuyas escuchas llegaron al narcotraficante Gerson Gálvez Calle (‘Caracol’).

Las interceptaciones siguieron y en los dos años posteriores se dieron con la sorpresa de que se había grabado un diálogo entre el abogado de un tal “Morote”, César Salinas, y el entonces presidente de la Corte Superior del Callao, Walter Ríos Montalvo. Ahí empezaron los problemas.

Y se agravaron cuando llegaron al celular del entonces vocal supremo César Hinostroza y los ‘chuponeadores’ cantaron victoria al obtener conversaciones de integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura, precisamente desactivado días después por este escándalo.

Ahora está claro que, como dijo EXPRESO en su momento, los actos de corrupción que manejaba el ex titular del Poder Judicial del Callao, Walter Ríos, fueron la excusa perfecta para que la facción política de izquierdas que veía esfumarse su influencia en el sistema judicial, ante los nuevos ascensos de altos magistrados, los involucraran precisamente con Walter Ríos, esto a través de la utilización de interceptaciones telefónicas por narcotráfico a la banda de “Caracol”.

¿Qué había pasado en las entidades de justicia? 1) La izquierda había perdido el Consejo Nacional de la Magistratura. 2) En la Fiscalía de la Nación la Junta de Fiscales Supremos tenía el acuerdo institucional de mantener la línea de jerarquía y antigüedad, teniendo que ser fiscal de la Nación Pedro Chávarry. 3) En el Poder Judicial había dos liderazgos que se perfilaban para la presidencia de la Corte Suprema: Ángel Romero Díaz y el mismo Hinostroza.

SIN PISO

La izquierda llamada “caviar” se quedaba sin mayor piso en las entidades de justicia y es por eso, según fuentes de EXPRESO, que sus voceros en la fiscalía, con Pablo Sánchez a la cabeza, y en alianza con la concentración mediática y de las ONG, en especial la del IDL Reporteros, se lanzó a la aventura de magnificar este caso inicialmente llamado la banda de las “Las castañuelas de rich port” y trocarlo por la organización criminal “Los Cuellos Blancos del Puerto”.

Las mismas fuentes subrayaron en esos días (de anuncios de parte del presidente Martín Vizcarra de reforma judicial, de desactivación del Consejo Nacional de la Magistratura y la creación de la Junta Nacional de Justicia) que la alianza entre la izquierda y el Gobierno no permitiría que la oposición maneje el sistema de justicia, como después no han permitido ni la elección de los nuevos integrantes del Tribunal Constitucional.

Recordemos que a través de la interceptación a Hinostroza se logró mucho para aquellos fines: “escuchar las conversaciones de los entonces integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y así se conformó una cadena de escuchas, pues dichos magistrados se comunicaban con otros jueces, fiscales, políticos, empresarios, entre otros personajes, logrando tener una valiosa veta de información, que posteriormente usaron a su favor”.

No fue entonces el debate jurídico, político o congresal donde se dirimió la controversia entre la oposición y la alianza del Gobierno con la izquierda, sino mediante el uso del ‘chuponeo’ y los medios de comunicación vizcarristas, los que se dedicaron a demoler a sus enemigos, incluido en el caso Lava Jato.

Ya no se trataba entonces de una banda criminal implicada en el narcotráfico, como aparecía inicialmente, sino que la nueva operación fue bautizada, repetimos, como “Los Cuellos Blancos del Puerto”, donde el rótulo a chuponear era “la comisión del delito Contra la Tranquilidad Pública -ORGANIZACIÓN CRIMINAL-, Contra la Administración Pública -CORRUPCIÓN DE FUNCIONARIOS-, ambos en agravio de la sociedad y del Estado…”.

Es cuando el caso, en enero de 2018, con la fiscal Rocío Sánchez, salió de los linderos de la División de Investigación de Homicidios y se le encargó a la policía política del Gobierno: la División de Investigación de Alta Complejidad (Diviac).

POR: PLINIO ESQUINARILA 

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