La verdadera corrupción es la corrupción política
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Por Luis Lamas Puccio

Sobre la corrupción, y las razones que la motivan, podríamos señalar muchos aspectos respecto a sus orígenes, su etiología, las causas que la determinan, sus características tan propias, y toda una amplia gama de opiniones, controversias y análisis que constantemente se vierten sobre el particular, que intentan en alguna medida explicar las causas, las razones y las mismas motivaciones por las que la corrupción en nuestro medio sigue subsistiendo cada vez con mayor fuerza.

A pesar de las medidas y discursos que se vierten contra la corrupción, no solo se ha mantenido, sino que ha crecido en condiciones cualitativas y cuantitativas hasta convertirse en el problema mas importante del país.

La corrupción ha dejado de ser un tema residual o circunstancial relacionado a una esfera, como puede ser la criminal, para pasar a convertirse en un tema recurrente y de grandes proyecciones en cada gobierno, la que por su propio contenido afecta la misma gobernabilidad y en particular el Estado de derecho como factor esencial sobre el que descansa la democracia.

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Hablo de la dimensión propiamente política de la corrupción, sin soslayar su contenido delictivo o criminal conforme a todas las leyes y principios que reprimen esta clase de conductas calificadas como delitos en la legislación penal.

La corrupción se ha convertido en un tema de primer orden que involucra a todos los gobiernos sin mayores excepciones, al margen de cada una de sus ideologías y proyectos nacionales que se encuentren en boga, entre otras razones, porque los organismos y las entidades tradicionales diseñadas para prevenir y controlar los delitos de corrupción, llámese policía, contraloría, fiscalía, procuraduría y sistema judicial en su conjunto, hasta la fecha han resultado menos que inoperantes, ineficaces y hasta desfasados para fiscalizar y controlar en condiciones mínimas y adecuadas un fenómeno delictivo que tiene evidentemente un fuerte y único arraigo en el desenvolvimiento anormal e irregular de la política nacional.

Por su propio peso y trascendencia, la política escapa a las acciones y procedimientos tradicionales de control, tanto para prevenir y tratar la corrupción como un fenómeno netamente criminal, como con mayor razón cuando se trata de luchar frontalmente contra impunidad que también es un factor especialmente relevante e inherente en el plano de la corrupción política.

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Razones sobran para afirmar que la verdadera corrupción que impera en nuestro país es la política y no la tradicional, la que por lo general se circunscribe a la los delitos de corrupción cuyas características son bastante comunes.

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