Tenemos un Congreso de impresentables

Fueron electos 130 parlamentarios, silvestres aventureros que sin rubor se lanzaron al ruedo político, muchos de los cuales nunca leyeron la Constitución Política del Perú ni mucho menos el Reglamento del Poder Legislativo.

Por Alfredo Vignolo G. del V.

El haber trabajado por larga data como asesor de la Presidencia de lo que alguna vez fue la Cámara de Senadores y por experiencia propia y ante lo que viene aconteciendo en el Congreso de la República desde las vísperas del 28 de julio, me permite afirmar, sin temor a equivocarme, que este es uno de los peores Parlamentos de nuestra historia.

Aquí paso a paso vamos a desnudar sus flagrantes falencias, sus errores y hasta su ignorancia, empezando en primer término por la responsabilidad de los jefes de las organizaciones políticas a los que no se les puede llamar líderes porque sería faltar a la verdad: un líder político es otra cosa.

Sin filtro ni fiscalización

Las listas parlamentarias fueron conformadas entre amigos, sin ningún tipo de filtro, la ideología política de antes, discurre hoy por el regadero y ni hablar de la fiscalización que debió haber hecho el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) que no fiscalizó nada.

En ese escenario fueron electos 130 parlamentarios, silvestres aventureros que sin rubor se lanzaron al ruedo político, muchos de los cuales en su vida leyeron la Constitución Política del Perú ni mucho menos el Reglamento del Congreso de la República, que tiene rango de ley, ya proclamados como Padres de la Patria tuvieron la facultad de contratar a siete personas por despacho congresal sin ningún criterio, experiencia laboral, profesional y/o académica, primó simplemente la amistad y el Congreso se convirtió en un kindergarten por pulpines que deambulan por los Pasos Perdidos.

Neófitos sin experiencia

Los resultados comenzaron a saltar a la vista, el Congreso fue inundado de neófitos sin experiencia en hermenéutica parlamentaria, sin conocimientos de procedimientos legislativos y constitucionales, los asesores son meros entes decorativos, esto por un lado y por el otro específicamente la Oficina de Comunicaciones del Congreso de la República, ha tendido a la fecha, cerca de tres jefes que inclusive no eran periodistas profesionales colegiados, vulnerando así la ley que señala específicamente que para ejercer el cargo se necesita el número de colegiatura.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

También hay que hacer hincapié en la gente que los eligió, ellos también son responsables directos de tener a estos legisladores, con su voto los pusieron allí, luego de ofrecer de todo, como si acceder a un cargo de elección popular fuera una subasta de ofrecimientos callejeros, que al final de cuentas esos ofrecimientos se convirtieron en burla de los electores que creyeron ingenuamente en ellos.

Las comisiones ordinarias, en vez de ser presididas por gente afín a su profesión, fueron encargadas a personas sin ninguna idoneidad: una cirujano-dentista preside la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales, una ex trabajadora de limpieza pública preside la Comisión de Trabajo y con el respeto que se merece esta última, a pesar de que le redactan los textos para que simplemente los lea, ni siquiera sabe lo que lee, escucharla en el hemiciclo es todo un sacrificio y martirio a la lengua española.

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