Terroristas aniquilaban a familias enteras por venganza | INFORME
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Por Italo Oberto-Besso

Aún no aparecían las primeras luces de la mañana del 30 de mayo de 1989, cuando seis encapuchados, fuertemente armados, ingresaron a la fuerza, quebrando la puerta y a punta de gritos y amenazas, a la vivienda del periodista Juvenal Farfán Anaya. Sin permitir siquiera que los miembros de la familia terminaran de despertar, aquellos sicarios acribillaron al reportero, su esposa y sus hijos.

Nadie en Huamanga encontraba explicación para este horroroso crimen. Cómo era posible que los terroristas atentaran contra Juvenal Farfán. Todos sabían que muchas de las ideas del periodista, desde sus años de juventud, sonaban cercanas a Sendero Luminoso, pero esto solo era en apariencia.

Incluso, Farfán Anaya de Ayacucho había denunciado unas supuestas masacres realizadas por el Ejército en Ayacucho, en la operación en la que abatieron al terrorista Cazsely, conocido como el Herodes de Sendero Luminoso.

SENDERO CONFIRMÓ

Es por ello por lo que en un primer momento los huamanguinos atribuyeron el crimen a lo que llamaban huestes paramilitares y al propio Ejército.

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El tiempo se encargó de desmentir esta suposición. Meses después, el propio Sendero Luminoso reivindicó el crimen de la familia Farfán. La razón de la condena de la familia del periodista fue haberse opuesto, dijeron, a la guerra popular.

Farfán Anaya, que trabajaba como un periodista independiente, había expresado abiertamente su rechazo a la insania terrorista, no creía en la violencia subversiva como método para llegar al poder, ni mucho menos que las principales víctimas de este horror sean comuneros.

Incluso, según algunas versiones, había apoyado el borrado de las pintas senderistas alrededor de Huamanga.

Sendero Luminoso no podía perdonar semejante afrenta.

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Pese a la confirmación por este grupo terrorista de la autoría de este salvaje crimen, aún hay organizaciones que insisten en atribuir este aniquilamiento selectivo a un grupo paramilitar que enfrentaba al terrorismo.

EL ANIQUILAMIENTO

Esa madrugada del 30 de enero de 1989 los terroristas encapuchados ingresaron a su vivienda, ubicada en el lote 12, Manzana 24 de la Cooperativa Libertad de las Américas, en las afueras de Huamanga.

Desde el ingreso, los terroristas encapuchados no escatimaron violencia en su brutal despliegue de fuerza: destrozaron las puertas, a su paso gritaban y clamaban por sed de sangre, destruyendo cuanto adorno encontraban a su paso, en aquella modesta vivienda.

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Como ya dijimos, el periodista y toda su familia se encontraban aún durmiendo en sus habitaciones. Los gritos y brutalidad demostrados los habían despertado, pero la celeridad en el ataque no les dio tiempo ni siquiera para levantarse de la cama.

Tres de los terroristas ingresaron a la habitación de Juvenal Farfán; en su intento por salir de su cama, lo abatieron a boca de jarro. Murió al instante, según las pericias médicas.

Lo mismo hicieron con su esposa, Eldalisa González.

En tanto, el segundo grupo se dirigió al dormitorio de los hijos. Acribillaron al hijo del periodista, también llamado Juvenal. La brutalidad y violencia se repitió con la jovencita Julia Farfán González que dormía en la habitación contigua.

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“Resulta cada vez más difícil identificar las fuerzas que se mueven al interior de Sendero Luminoso. La muerte de Farfán es una clara muestra de esta dificultad. ¿Por qué un periodista izquierdista resulta asesinado con toda su familia? A nadie en Huamanga se le ocurriría pensar que Farfán se hubiese convertido de pronto en confidente de los Servicios de Inteligencia. Pero en el supuesto negado que así fuese, ello no justificaría la muerte de toda su familia”, reflexiona Alberto Valencia Cárdenas, en su libro ‘Los crímenes de Sendero Luminoso’ (1992).

OTROS CASOS

Pero no era la primera vez que Sendero Luminoso se ensañaba con familias enteras para vengarse de la actuación de uno de sus miembros, tal como actuaba la organización criminal ‘La cosa nostra’.

Por ejemplo, el 14 de marzo de 1987, huestes senderistas ingresaron al pueblo de Bambamarca, al sur de Ayacucho.
Los terroristas, haciendo explotar numerosos petardos y disparando al aire, se dirigieron directamente a la casa de Gertrudis Maille Contreras, respetable matrona de la comunidad.

Preguntaron por ella y, después de identificarla, la mataron con un tiro en la cabeza. Actuaron de igual forma con las tres hijas que vivían con ella: Rosario, Emestina y Piedad, esta última de 13 años.

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