Campaña “cuida a mi hijo que yo cuido al tuyo”

A todos se nos pone la piel de gallina y el corazón se nos llena de angustia cuando conocemos las noticias que comprometen la vida, integridad, sexualidad y libertad de nuestros hijos. ¿Qué podemos hacer cuando solo en una semana se reportan seis niños desaparecidos? Si a esto se suman las noticias de que los niños fueron víctimas de ultraje y ejecutados, entonces las alarmas se encenderán. Pero se encenderán aún más si comprobamos que tales hechos involucran a personas cercanas al menor. La respuesta inmediata, y creo más fácil, sería reformar los delitos e incrementar las penas. Sin embargo, esta fórmula repetitiva no ha dado los resultados esperados. Más bien, debemos reforzar la prevención.

En México, a raíz de la desaparición de Fátima, la niña que luego fue hallada muerta en las calles de la alcaldía de Tláhuac, se lanzó en febrero del presente año la campaña “Cuida a mi hijo que yo cuido del tuyo”. El objetivo de esta campaña es que cada uno de nosotros podamos velar por los niños que se encuentran solos en algún lugar público hasta que estén a salvo y seguros. Esa misma campaña se inició en Nicaragua por los constantes reportes de niños desaparecidos. Seguramente, debe haber otros países en los cuales se inició una campaña similar o que han seguido el ejemplo. Con una campaña de esta naturaleza no solo se demuestra la solidaridad que es parte de lo nuestro –marca Perú–, sino también que ante la falta de respuesta del Estado o una respuesta que tal vez llevará un buen tiempo, nosotros, los ciudadanos (padres o hijos) empoderados legítimamente por la valía de los niños de cada uno de nuestros hogares y del país, podamos cuidar de quiénes se encuentran en mayores condiciones de vulnerabilidad.

Estar alertas cuando un niño se encuentra solo implicará que podamos ayudar a identificar a sus padres o advertir al comité vecinal, autoridad policial, serenazgo o tal vez ronda campesina, de que el niño está desorientado o perdido. Cuidar de que los niños sean recogidos por el responsable cuando salgan del colegio o cuando se movilicen de su hogar al centro educativo o viceversa, implica estar atentos de quién los acompaña, de que nadie los siga y saber interpretar las expresiones y el trato que reciben por parte de quién está a su lado en el bus o en el metro. Así como existen causas o campañas para la protección del ambiente, de los animales u otras que multiplican iniciativas loables por redes sociales, esta campaña es necesaria hoy, puesto que la responsabilidad por la protección y seguridad de los niños es corresponsabilidad del Estado, la familia y de todos nosotros. Del mismo modo en que se han realizado marchas para el reconocimiento de derechos de ciertos sectores sociales o se reclama justicia contra otros, creo que es hora de dejar de indignarnos y adoptar un papel activo. En el presente caso, solo bastará con tomar la iniciativa, difundir, prestar atención a nuestro alrededor y comunicar situaciones que no consideremos seguras para nuestros hijos. Así, avanzaremos.